Blesaguirre2Corría el final de la primavera de 2003 y la izquierda en Madrid se disponía a formar el gobierno que se había ganado en las elecciones de mayo. Eran momentos de intensa negociación, cargada de expectativas en buena parte de la sociedad madrileña como puede comprobarse con el mero repaso de la prensa de la época. Se abría paso no sólo un gobierno de izquierdas sino el primer gobierno de la izquierda plural en mucho tiempo en España.

En esas estábamos, cuando Rafael Simancas (presidente madrileño in pectore) tuvo la ocurrencia de declarar públicamente que Miguel Blesa (Presidente, entonces y ahora, de Cajamadrid) debería abandonar su puesto. A los pocos días afloró el “caso Tamayo“, con las consecuencias de todos conocidas: Blesa sigue. Llegó Aguirre y quien se largó fue Simancas, arrastrando con él las ilusiones de la izquierda madrileña para muchos años.

Ahora, casi 6 años después, es la misma Aguirre, presidenta por la gracia de Tamayo, quien se dispone a intentar descabezar a Blesa, a quien tanto debe, de la dirección de CajaMadrid. Hoy el Pleno de la Asamblea de Madrid, votará las modificaciones legislativas necesarias para conseguirlo. Que se recurra a la barbaridad de considerar que la ley tiene un efecto retroactivo para lograr sus fines no es sino un asunto menor para quien fue capaz de llegar a la Presidencia de Madrid cabalgando el mayor caso de corrupción electoral de la historia de España.

No tengo ninguna simpatía por Blesa, todo lo contrario. Mi repulsión por Aguirre no para de crecer y sin embargo, siento que en su pelea hay algo morboso que me importa. Quizá espero ¡qué iluso! que del encontronazo quede algún cabo suelto que nos haga conocer lo que se urdió y perpetró hace casi 6 años. Sé que algún día se sabrá . ¿Porqué no ahora, don Miguel?

NOTA: ¡Hombre, qué casualidad! Don Romenauer se refiere en su entrada de hoy también al feo asunto de Cajamadrid, y con una buena colección de enlaces. Vean, vean.