Saco HarinaSirva el presente escrito, y entiéndase como tal, como un apasionado y  vibrante llamamiento a la violencia política y, en concreto, al uso de la harina y de los zapatos como instrumentos políticos legítimos, con el mismo derecho pero más efectividad que la pluma y el bolígrafo, que el discurso en prosa o la sintética quintilla, que el concurso abierto o la más eficaz y directa chequera. ¿Cómo hemos podido estar engañados de tal manera durante tanto tiempo? La violencia es un recurso político perfectamente legítimo, siempre que se utilice sin causar perjuicio de ningún tipo -salvo quizás algún susto inevitable- a las personas. La propiedad de las corporaciones privadas no cuenta y es un objeto maravilloso sobre el que ejercer la violencia.

La violencia es una herramienta propagandística inmejorable como ha demostrado el heroico periodista-lanzazapatos al que probablemente torturan en estos momentos en alguna cárcel iraquí los siniestros integrantes de esa extraña coalición que se ha formado entre las fuerzas de ocupación y las fuerzas oriundas del país sojuzgado por el imperio; o el ingenioso ciudadano que ha hecho llegar a la embajada de los Estados Unidos un paquetito de harina, convocando con tan bello gesto en la habitualmente tranquila, pija y pusilánime calle de Serrano a una cantidad tal de policías que no se había visto por allí desde aquella fría mañana de diciembre en que el almirante don Luis Carrero Blanco despejó con un sólo salto a la madre de todas las incógnitas.

Esperanza Aguirre, la liberala, ha regalagado el Centro de Especialidades de Argüelles a una multinacional amiga, en un paso más -y un paso probablemente ilegal y extremadamente violento con el interés público que se empequeñece y mengua con tal saqueo- en el desmantelamiento de la sanidad madrileña. Una multinacional sueca que ya mercadea con la salud de trescientos mil desprevenidos ciudadanos madrileños, recibirá en enero el privilegio para comerciar con la vida y la salud de otros cien mil incautos que no van a tener libertad de elección cuando tengan que hacerse una radiografía o consultar al cardiólogo en Argüelles, cien mil ciudadanos más en la comunidad de Madrid que no van a tener garantía, pro ejemplo de que entre los criterios del médico a la hora de pedir pruebas y análisis no este, por ejemplo, el ahorro de costes impuesto por el departamento financiero de la multinacional. Si eso no es violencia institucional contra el ciudadano, que venga Dios y lo vea.

Y por eso, hago yo este llamamiento tan dramático a la violencia ciudadana y a la resistencia activa contra la violencia institucional que todos los días ejerce contra nosotros Esperanza Aguirre. ¡Ciudadanos, a la harina! ¡Ciudadanos, a los zapatos! ¡Ciudadanos, demos un paso adelante en la defensa de nuestros intereses! ¡Superemos con harinosas empanadas de berberechos, con zapatos pringados de betún del más negro, las patéticas manifestaciones en defensa de la sanidad pública que no nos llevan ya ni a una fotonotica en El País y paguemos a Esperanza y a sus multinacionales amigas con su misma moneda!

Blanqueemos, pues, con harina a Esperanza Aguirre; zapateemos con violencia inusitada los mostradores del nuevo centro de especialidades privado de Argüelles.

¡A los zapatos, ciudadanos!

Venga... meta ruido por ahí



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