Lo lamento por ustedes, pero más lo lamento por mí mismo, que creo que estoy a punto de enloquecer, presa, entre otras cosas, de mis propias contradicciones. No soy vegetariano. Creo, entre otras cosas, que renunciar a la carne y al pescado no es natural. Por eso, no estoy de acuerdo con algunas de las cosas que dicen en este vídeo los activistas que lo protagonizan. Sin embargo, estoy convencido también de que consumimos -lo digo en primera persona del plural- demasiados productos animales y de que, en torno a ese consumo hiperinflado, se ha montado una industria ciertamente perniciosa, depredadora de recursos naturales e insultante para esos 923 millones de personas que pasan hambre, hoy día, en el mundo. Por eso, busco -y encuentro muy poco- lugares y empresas de agricultura y ganadería ecológica para proveerme de los productos cárnicos que consumo, y que trato de ajustar a la medida de la necesidad, no sé si con éxito o sin él..

Pero no quería hablarles yo hoy de mis cuitas al hacer la compra, sino que quería pedirles que no compren productos de la marca Campofrío, una empresa miserable, que ha lanzado una campaña publicitaria que ridiculiza el vegetarianismo. Igualdad Animal, justamente ofendida, decidió responder a Campofrío realizando una investigación en una de las granjas que les suministran. Tras examinar uno de estos establecimientos en Burgos, obtuvieron cientos de imágenes y varias horas de vídeo que documentan cuál es la realidad que se oculta tras los anuncios que promueven el consumo de productos animales.

Aquí tienen el resultado de su magnífico trabajo.

Y para no dejarles con mal sabor de boca, aquí les pongo el enlace a la crónica de otro magnífico trabajo de Igualdad animal. Éste con final feliz, resumido en el siguiente vídeo.

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