Yo no sé si la popular Miriam Rabaneda -cuando escribo estas líneas, aún alcaldesa de Pinto- es honesta o no lo es. Tal y como están las cosas, no pongo la mano en el fuego por nadie, pero no tengo motivos para dudar de su honorablidad. En cambio, algunas de las personas que participan en Pinto en la moción de censura -entre dudosa y vergonzante- que va a cambiar dentro de un rato el color político del consistorio y va a desalojarla del poder, sí han dado en el pasado, y continúan dándolos en el presente, serios motivos para poner en cuestión su honradez. Además, la moción de censura plantea graves interrogantes políticos, como la razones por las que un concejal independiente, que ha hecho bandera política de su oposición a ciertas operaciones urbanísticas ahora apoye a quienes antes denunció, precisamente por dichas operaciones, que calificó como “presunta corrupción urbanística”. No es que los medios de comunicación más cercanos al PP  hayan puesto en cuestión dicha honorabilidad de los promotores de dicha moción de censura, que lo han hecho. Es que los propios aludidos la ponen también en cuestión al negarse a defenderse y al no aclarar las graves acusaciones de que son objeto. Y todo esto daña mucho a Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid, cuyo silencio es absolutamente incomprensible, o demasiado comprensible, según se mire.

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