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Despreciable enemigo:

Como sabes, las cartas se encabezan con una fórmula de cortesía que manifiesta los sentimientos de quien la escribe hacia su destinatario. Te aseguro que “despreciable enemigo” es lo más agradable y cortés que puedo decirte en estos momentos, ya que hace unas horas que he atravesado el límite terrible -que creía que nunca iba a pasar- de desear la muerte de una persona. Gracias a vosotros, puedo decir que hoy soy una persona peor que ayer, ya que valoro la vida humana como si estuviera en el mercado: la muerte de un soldado israelí es positiva porque permite que otras personas inocentes puedan seguir viviendo. Te aseguro que son sentimientos que no me gustan nada y que me provocan cierta extrañeza y repugnancia de mí mismo

Me cuesta mucho desear la muerte de nadie; nunca hasta la fecha había albergado tal sentimiento hacia ninguna persona, y quienes me conocen te pueden decir hasta que punto me revuelvo cuando alguien acude a esa desagradable frase hecha de  “¡ojalá se muera!”. Recientemente, incluso, he tenido una sonora polémica con personas muy cercanas sobre la pena de muerte.

Por otra parte, siempre me ha costado mucho hablar de las personas agrupándolas en categorías generales: los negros, los de Soria, los franceses, los judíos, los moros… Vosotros, los israelíes, la sociedad israelí en su conjunto os estáis comportando desde hace diez días con tal desprecio por todos los valores conocidos, que estáis consiguiendo que supere ambas limitaciones: no puedo evitar sentir un desprecio infinito por la sociedad israelí toda, así como por vosotros, los dirigentes y los soldados israelíes en particular, y además, empiezo a pensar que cuantos más muráis de vosotros en la agresión que estáis llevando a cabo, más probable es que cientos y cientos de personas inocentes, de familias enteras, de aulas abarrotadas de niños y profesores, de médicos y conductores de ambulancia que buscan heridos en las calles de las ciudades que estáis destruyendo sistemáticamente, puedan salvar sus vidas.

No puedo evitar ver vuestras fotos en los periódicos y retorcerme ante el sincero y triste convencimiento que tengo de que el hecho de que tú, enemigo despreciable, sigas vivo mucho tiempo más puede suponer la muerte de decenas de personas inocentes, como ha ocurrido esta misma tarde, cuando has disparado conscientemente contra una escuela de las Naciones Unidas en la que se refugiaban muchas personas, causando la muerte a cuarenta de ellas, y graves heridas a otras cincuenta y cinco, que se dice pronto. Eres tú solito el responsable directo de la muerte de casi el 10 por ciento de los que habéis asesinado en diez días de agresión a Gaza. Si un cohete de Hamas hubiera carbonizado tu tanque contigo dentro momentos antes, todas esas personas inocentes estarían vivas ahora. ¿Con qué derecho estás tú vivo, capullo indecente?

Tú y tus  compañeros, así como tus jefes y las personas que os han mandado a hacer lo que estáis haciendo estos días en Gaza, sois gente muy peligrosa y despreciable, sois los verdaderos terroristas. Que estés cumpliendo órdenes, no te disculpa de nada, si acaso, te convierte en el eslabón no más débil, pero sí más tonto de la cadena. Con vuestra actividad destrozáis la vida de personas concretas que existen en la realidad y no en los videojuegos, y que -hasta que irrumpísteis en sus vidas- tenían salud, ilusiones y esperanza, tenían carreras profesionales, empleos y casas en la que vivir, tenían hijos, padres, amigos, vecinos, hermanos… y tenían la posibilidad de luchar por un futuro que les estáis robando vosotros, los israelíes, todos los israelíes. Hoy, tú sigues vivo, y como consecuencia de algo tan terriblemente  injusto, ellos, todos esos inocentes, mueren y ya no tienen ni futuro, ni nada.

Esta mañana hemos celebrado en España la fiesta de los Reyes Magos. Nuestros niños han recibido con alegría sus regalos. Quizás a la misma hora en que mi sobrina abría el paquete que contenía su deseado traje de princesa -muy cursi, rosa- tú matabas a varios niños y niñas de su edad, o a sus padres, o a sus profesores, o a todos ellos. Te desprecio, te odio mucho, y deseo vivamente que llegue el momento en que alguien te pare los pies y las manos.

Por eso te escribo: para que sepas todas estas cosas, y para que sepas también que apoyo la actividad militar y resistente de Hamas y de todos aquellos que se oponen a vuestro cobarde y vil avance terrorista.

Nada más. Me despido reiterándote mi profundo desprecio personal por tí, por toda la sociedad a la que perteneces, y manifestando mi deseo de que muy pronto dejes de tener futuro para que cientos de familias, hombres mujeres y niños palestinos que no han hecho nunca nada a nadie, salvo defenderse de vosotros, sí puedan tener ese futuro.

Que te mueras, vamos

Ricardo Royo-Villanova

PD.- Te odio también por haberme obligado a escribir esta terrible carta.

Venga... meta ruido por ahí



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