Por eso, la izquierda alternativa no ocupará un espacio mejor de representación política añadiendo, simplemente, el anticapitalista a sus apellidos habituales. No es el momento para una identidad de resistencia, sino para un encuentro plural para producir alternativas. Una evidencia del peso de un pasado improductivo sobre las oportunidades del presente sería una reedición –actualizada, eso sí– de los viejos debates de las izquierdas antisistema sobre quién es más anticapitalista y, con ello, construir nuevas trincheras ideológicas, cuando lo que hoy se precisan son puentes que interconecten y contaminen todas las identidades y experiencias. El imaginario de cambio no puede seguir siendo un agregado de viejas identidades. Eso ya no es suficiente. En buena medida habría que dejar abierta esa puerta a la espera de que una repolitización de los conflictos sociales pueda plantear nuevos moldes con los que nombrar lo que está por construir. Son imprescindibles nuevas prácticas políticas que ayuden a politizar el conflicto social. Esto es: ofrecer un marco explicativo sobre lo que ocurre; señalar responsables; impulsar espacios de confluencia social y política novedosos; promover nuevas prácticas de ocupación del espacio público; llenar de sueños y alegría (emocionar) con una propuesta de cambio radical y generar nuevos liderazgos.

Girar a la izquierda no lo es todo. Pedro Chaves en Dominio Público. Los comentarios allí.

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