A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Imaginad por un momento que Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE, con el beneplácito de Emilio Botín y el resto de los grandes banqueros, preocupados por los negros nubarrones que se ciernen sobre sus bolsillos como consecuencia de las fragilidades bursátiles y ante las serias amenazas derivadas de los no menos frágiles parámetros macroeconómicos, mas con el refuerzo de un grupo de militares ideológicamente abducidos por los cantos de sirena de sucias divisas procedentes de los próceres antecitados, ideasen y llevasen a cabo un golpe de estado.

Se sabría que el día del golpe, la oposición política, liderada por su jefe Mariano Rajoy y otros rostros populares, había organizado una manifestación en el centro de Madrid y, con todos allí reunidos, multitud jadeante, habían decidido cambiar ilegalmente el recorrido de la misma para dirigirse hacia el Palacio de la Moncloa a exigir la dimisión de Zapatero con el pretexto de que no les gustaban las políticas económicas que éste aplicaba, pues temían que les condujese hacia un estado poco menos que comunista. Se sabría que, simultáneamente, simpatizantes del presidente y militantes del PSOE se habían reunido en las afueras de Moncloa como respuesta a la marcha opositora y con el propósito de defender el orden constitucional, que habían considerado amenazado. Sería entonces cuando un corpúsculo opositor habría entrado y tomado la sede de RTVE y habría impedido que el canal público continuase emitiendo. Se sabría que toda la información había pasado a estar controlada desde aquel momento por los canales privados, que habían jaleado a la marcha opositora y habían llamado al derrocamiento del Presidente del Gobierno.

Se sabría que, cuando la marcha opositora se había acercado a Moncloa, unos francotiradores contratados por los organizadores del golpe, organizados y dirigidos por miembros de la CIA (que colaboraba desinteresadamente a través de la embajada estadounidense), habían empezado a disparar indiscriminadamente, matando a decenas de personas, entre las que se encontraban tanto opositores como simpatizantes del Presidente. La marcha opositora se habría dispersado inmediatamente y la otra se habría dirigido desordenadamente en dirección a un puente sobre la M-30 donde se habrían refugiado. Se sabría que la policía de Madrid, bajo el mando de un miembro del principal partido opositor, en una avenida que pasa bajo el puente, había empezado a disparar a los manifestantes leales al Presidente, entre los que se encontraban algunos armados que, a su vez, habían respondido disparando a la policía que les agredía.

Se sabría que las televisiones privadas habían mostrado los cuerpos de manifestantes muertos y los habían identificado a todos como opositores. Se sabría que a continuación habían mostrado en directo y repetido hasta la saciedad a los simpatizantes del presidente en el puente mientras disparaban, pero que no habían mostrado a la policía metropolitana que desde abajo vaciaba sus cargadores contra aquéllos. Todo el país, a través de la televisión, podría ver y entender que francotiradores afectos a Zapatero habían disparado a manifestantes opositores, con el resultado que habían esperado los golpistas: el gobierno disparando al pueblo. Se sabría que, en ese preciso punto de los acontecimientos, los militares golpistas se habían sentido autorizados a entrar por la fuerza en Moncloa y habían detenido a Zapatero.

Se sabría que un grupo de soldados se había llevado al Presidente en helicóptero a un lugar desconocido mientras los medios de comunicación habían informado seguidamente de la renuncia de mismo, dejando vía libre a los nuevos gobernantes que, al día siguiente, tras disolver todas las cámaras y los poderes del estado, habían tomado el poder con la jura del cargo de nuevo presidente de España por parte de Gerardo Díaz Ferrán. Se sabría que en los jardines de Moncloa se había improvisado un cóctel con algunos asistentes muy distinguidos. Se sabría que allí estaban obispos, empresarios, banqueros y representantes de los medios de comunicación privados.

El pueblo habría empezado a mosquearse y poco a poco, de forma espontánea, una multitud se habría agolpado frente a las puertas de Moncloa, donde habrían clamado por el regreso de Zapatero, el Presidente elegido por ellos. La presión habría empezado a ser insostenible y la muchedumbre habría crecido espectacularmente. Se sabría que algunos militares golpistas habían empezado a preocuparse y no sabían lo que iba a pasar. Se sabría que las televisiones privadas, ante un panorama de protesta masiva del pueblo, habían decidido emitir dibujos Animados. Se sabría que, desde ese momento, nadie había sabido lo que realmente estaba pasando. Se sabría que, de repente, diversos sectores del ejército habían empezado a posicionarse a favor del retorno del Presidente constitucional Rodríguez Zapatero. Los acontecimientos se habrían precipitado y el pueblo habría conseguido, sin moverse de las puertas de Moncloa, que le devolviesen a su Presidente, al que a punto habían estado de ejecutar los militares que se lo habían llevado. El Golpe, que habría durado casi tres días, habría terminado con los máximos responsables del mismo huyendo con el rabo entre las piernas camino de los EEUU, donde serían recibidos con los brazos abiertos, justo antes de que los militares que les habían ayudado se hubieran entregado a las fuerzas constitucionalistas. Fin de la historia.

El próximo día 2 de Febrero se cumplirán 10 años de la toma de posesión de Hugo Chávez como presidente de Venezuela. En un día como hoy, cuando la toma de posesión de la presidencia del Imperio paraliza a medio mundo, me apetece recordar la llegada a la presidencia de Venezuela del candidato bolivariano. Lo remarcable es que Hugo Chávez alcanzó la presidencia limpia y democráticamente pero sufrió en sus carnes el que se conoce como primer golpe de estado mediático de la historia, golpe por el que sus responsables no pagaron. Al relato de ficción que he explicado en los párrafos precedentes bastaría sustituir a Zapatero por Chávez, a Díaz Ferrán por Pedro Carmona o al puente sobre la M-30 por el puente Llaguno*, y tendríamos entre manos una historia real como la vida misma.

Desde La Habana me preguntan con ironía: ¿qué puedes aportar para sostener semejante historia más allá de tu retórica chavista? Mi respuesta es que todas las televisiones deberían emitir y todo el mundo debería ver el documental realizado por un equipo de televisión irlandés, que se vio envuelto en el golpe de estado contra Chávez, titulado “La revolución no será transmitida“. Un documento estremecedor, sin matices o excusas que puedan ponerle peros, un documento con toda la carga de lo histórico, con todo el significado periodístico atribuible a lo imprescindible, un documento que nos ilumina sobre el concepto de Falsimedia, que nos permite comprender la posterior no renovación de la licencia para emitir en abierto a RCTV (uno de los canales golpistas) y, vaya, un documento cuyo recuerdo me sirve para conmemorar el décimo aniversario de la quinta república venezolana, acostumbrada a luchar contra viento y marea, el décimo aniversario de una toma de posesión, ésta sí, verdaderamente esperanzadora, la de Hugo Chávez Frías.

*Para más información sobre la masacre de Puente Llaguno recomiendo este otro documento.

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