A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Durante el año 2008 fui al cine en 90 ocasiones. Es posible que al menos 80 de esas películas las haya visto en versión original, porque tengo la fortuna de vivir en el área metropolitana de una gran ciudad, y eso es fundamental para poder ver cine no doblado. Me voy a permitir el lujo de repasar las películas que más me gustaron durante el pasado año. Sé que el politburó del Partido Comunista Cubano me perdonará tamaña subjetividad y continuará pagando mis emolumentos.

Con El silencio después de Bach tuve una interesantísima sesión de cine de autor no apta para palomiteros gracias a Pere Portabella, y con Pozos de ambición sentí que asistía a una de las películas de la década. Con el paso de los meses empiezo a creer que Paul Thomas Anderson nos ha legado una obra maestra instantánea, algo que sólo me atrevería a decir de un par o tres películas cada año. Y qué decir de Rebobine, por favor, de Michael Gondry, que cumplió con creces con todos los requisitos que le exijo al buen cine, dejando clara aquella máxima que nos habla de la magia del séptimo arte. Poco después, tuvo que ser todo un veterano como Sidney Lumet el que me concediese el placer de asistir a una sesión especialísima gracias a la mejor película de su larga carrera: Antes que el diablo sepa que has muerto. El tiempo dirá si, como todo indica, estamos ante una obra maestra del que antes era conocido como autor de “Doce hombres sin piedad”.

Una de las cinematografías a las que menos acostumbrados estamos es la brasileña y desde aquel país llegó Tropa de élite, documento de enorme impacto y demoledora factura que, al contrario de lo que sucede con buena parte del cine de acción facturado en Hollywood, carece de intenciones moralizantes de tinte parafascista (“Venganza”, con Liam Neeson, ejemplificaría ese tipo de cine tan abominable), a pesar de que la temática empujaba en ese sentido y de que muchos lanzaron semejantes acusaciones, simplemente estúpidas. Lejos de Brasil, en otro rincón de un planeta llamado Tierra, que se encontraba en situación apocalíptica, con un pequeño robot recogiendo basura, se situaba el punto de partida de la que, a mi juicio, ha sido la mejor película de 2008, una verdadera obra de arte parida por una factoría de artesanos que película tras película consiguen superarse a sí mismos pero que esta vez han alcanzado cotas de sublime perfección jamás vistas en el cine de animación. Hablo de Pixar y de su obra maestra absoluta Wall-e. Las esencias del séptimo arte, que se encuentran en la etapa muda, y un poder de fascinación inigualable, producto de un nuevo derroche de imaginación por parte de sus autores, son los culpables de que estemos ante una joya del cine para la que no soy capaz de elucubrar pero alguno.

No muy lejos del cine de animación se sitúa la siguiente gran película que vi, la que posiblemente sea la mejor película con superhéroe de la historia, gracias al genio de Cristopher Nolan, que nos ha regalado, obviamente, el mejor Batman que se recuerda, en el que un Joker antológico es capaz de levantar los colores al mismísimo Jack Nicholson, en su momento tan celebrado. Si, señoras y señores, me refiero a El caballero oscuro, la tercera obra maestra instantánea del año tras “Wall-e” y “Pozos de Ambición”. Mientras tanto, los últimos meses no han sido los mejores, aunque siempre aparecen películas capaces de congraciarte con la butaca, y una de las últimas ha sido la impactante Gomorra, tremendo ejercicio desmitificador de la mafia, radiografía despojada de todo glamour de una sociedad enferma, de un pueblo carcomido por el crimen organizado, que nunca se vio en lides tan patéticas (y reales).

Cierro este apresurado repaso a lo que considero como el mejor cine de 2008 con dos fantásticas películas. En primer lugar con la revelación indie estadounidense de la segunda mitad del año, titulada Buscando un beso a medianoche, en la que saltan a la vista elementos propios del cine más fresco e inspirado. Y en segundo lugar, para terminar, la nueva ración de maestría del último clásico: Clint Eastwood. No pensé que lo diría, pero hasta Angelina Jolie lo hace bien en El Intercambio, película que pone de manifiesto la podredumbre del imperio, las enormes y dramáticas contradicciones de una sociedad crónicamente enferma. La mano del gran maestro que alguna vez protagonizó cine parafascista como el que mencioné antes (la saga de Harry) vuelve a dar en el clavo cinematográfico con otro de sus derroches de sensibilidad, tacto y buen gusto cinematográfico. Y aprovecho el comentario sobre Angelina Jolie para apuntar que fue precisamente ella la que protagonizó la mayor bazofia del año, una película infumable que merecería ser aniquilada, titulada “Wanted”.

Desde La Habana me preguntan si he visto Che, el argentino. Mi respuesta es que sí, pero que hoy no me apetece añadir connotaciones políticas a este escrito. Tan sólo apuntar, y presumir, que el día 1 de este primer mes del año, en el cine Cameo de Edimburgo, pude asistir al pase en primicia de las dos partes del Che de forma consecutiva. Parece que en Cuba no ha convencido plenamente esta radiografía de Steven Soderbergh, pero me permito apuntar que, como mínimo, se trata de un acercamiento honesto a dos episodios clave de la trayectoria de este icono del s.XX.

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