franciscocorreaGarzón está que se sale, el tío. Fracasado en su intento de entrullar al Caudillo y a su nomenclatura por el detalle nimio y sin importancia de que están todos ellos a la derecha de Dios -aunque no esta claro si están o no a la derecha de don Jaime Mayor Oreja, candidato del PP a las europeas- y con esa pasión que le ha dado a nuestro dinámico magistrado por desarticular cosas de manera compulsiva, se nos ha puesto el buen señor manos a la obra con un nuevo  reto profesional: desarticular la boda imperial de doña Ana Aznar Botella y don Alejandro Agag, no se si recuerdan ustedes, el pocker de ases y, según vamos sabiendo, uno de los negocios más redondos y lucrativos realizado en España en los últimos años. Y es que ayer, el señor juez detuvo nada menos que a cuatro invitados al citado enlace, entre ellos, un amigo íntimo del novio.

¡Oiga, que Garzón registra su Ayuntamiento1.

¿Boadillaaaa?, respondió, se sumergió en la apasionante lectura de la prensa digital que en ese momento daba la noticia, y desapareció en el maremagnum de jugosa información sobre tramas de corrupción inmobiliaria, política y empresarial en el entorno no sólo del PP, sino de José María Aznar y sus reductos valenciano y madrileño, que ayer salió a la luz, gracias al hiperactivo magistrado de la calle Génova.

El Ayuntamiento de Boadilla del Monte, cuyo alcalde asegura que no conoce a personas con las que ha viajado al menos  dos veces a Miami, la patria de acogida del terrorismo anticastrista cubano, y con cuyas empresas realiza sustanciosos contratos municipales, fue visitado ayer por la policía como si se tratara de un ayuntamiento batasuno. Lo mismo ocurrió en Majadahonda y en la consejería de Turismo de la Generalitat Valenciana.

El juez Garzón ha detenido a cinco empresarios muy cercanos al PP de Aznar, y que poco a poco han ido perdiendo influencia en la dirección nacional, pero ganándola en las organizaciones madrileña y valenciana del PP, fueron detenidos ayer, ha imputado a otras 30 personas, y se esperan más detenciones e imputaciones en los últimos días. Al menos cuatro de los detenidos estuvieron en la boda de Ana Aznar con el hombre de negocios hecho a sí mismo Alejandro Agag, y uno de ellos fue incluso testigo del imperial matrimonio, Francisco Correa, cuya mujer, Carmen Rodríguez Quijano, fue Jefa de Gabinete del anterior Alcalde de Majadahonda, el cual, si recordarán ustedes, tuvo que dimitir como conseucuencia de un encontronazo urbanístico con Ricardo Romero de Tejada, que aun no está demasiado claro, pero que dió lugar a una especie de guerra de “limpios” y “sucios” en el PP de Majadahonda, que parece ser que ganaron los “limpios”.

Los detalles los tienen hoy en los medios de comunicación, salvo en el diario digital de José María Aznar, así que no me extenderé en ellos. Pero esto que se está destapando es algo bien sencillo, en su concepción, aunque puera ser muy complejo en su materialización: es una trama de tráfico de influencias que sostiene una red de corrupción política, empresarial e inmobiliaria que afecta a ayuntamientos gobernados por el PP, a la propia dirección nacional del PP, a las de Madrid y Valencia, y a las administraciones autonómicas de ambas comunidades, que aún están comandadas por los sectores más reaccionarios del PP y más vinculados a José María Aznar, el más patriota de los presidentes que ha tenido nuestra querida democracia, como demuestra la hiperbandera de la Plaza de Colón de Madrid.

Pues eso es lo que hay, de momento…

Venga... meta ruido por ahí



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