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No sé si saben ustedes que este mes de febrero se celebra el trigésimo primer aniversario de las primeras elecciones sindicales libres en España. Desde 1978, la mayoría de los trabajadores de nuestra amada nación, especialmente aquellos que desempeñan sus labores en empresas grandes, pueden hacer cosas tan normales y ordinarias en la más burguesa de las democracias como afiliarse a un sindicato,  formar parte de una sección sindical, presentarse a las elecciones sindicales, hacer huelgas, llevar a cabo protestas laborales… En fin, lo normal, lo mínimo… Pues bien, los trabajadores de la empresa que presume de ser de las más familiares de España, no pueden celebrar dicho aniversario. Me refiero a El Corte Inglés donde en 1978, y al amparo de las nuevas leyes de libertad sindical, la empresa, mediante el acoso, las presiones y la compra de voluntades, implantó dos sindicatos amarillos que frenaron en los grandes almacenes la democratización de las relaciones laborales que se estaba inaugurando en resto de España. Los sindicatos de clase, Comisiones Obreras y UGT, que tan criticados son por su actuación -en muchas ocasiones con razón- en otros ámbitos y en otros sectores, son en El Corte Inglés reducto de auténticos héroes, ya que para pertenecer a un sindicato de clase en la empresa del abuelo Areces, hay que tener mucho temple. Si les interesa conocer la situación de los sindicatos de clase en El Corte Inglés, pueden leer InfoCorty y estos foros.

Poes eso, que de momento, no es primavera en El Corte Inglés.

Venga... meta ruido por ahí



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