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Esperanza Aguirre gobierna la Comunidad de Madrid como consecuencia de un golpe de estado fraguado al calor de una trama inmobiliaria y de corrupción política, empresarial y económica que temió en un momento determinado que sus negocios ilegítimos y marrulleros se le iban a venir abajo si la izquierda se hacía con el poder, tal y como habían pedido los electores. Parece que estamos empezando a conocer la cima del iceberg de esta trama, que no afecta al PP de Madrid, sino al PP en su conjunto. Derecha y corrupción no tienen, en teoría, por qué ser sinónimos, salvo en España donde parece que estamos condenados a sufrir a una derecha que se cree la dueña del cortijo y que se comporta siempre de como si efectivamente lo fuera: si controla las instituciones, las pone a su servicio político y económico, en el peor sentido que puedan ustedes darle a la frase que acaban de leer. Y si no las controla, hace lo que viene haciendo al menos desde el 14 de abril de 1931: deslegitimarlas y combatirlas con los métodos más sucios, e incluso criminales si llegara el caso. Como pensaba en 1936, la derecha española piensa hoy que o las instituciones son suyas, o hay que destruirlas.

El otro caso claro de deslegitimación institucional -en este caso, incluso controlando la institución que pretenden destruir, tal es el descaro antidemocrático de Esperanza Aguirre- es lo que está ocurriendo estos día en la Asamblea de Madrid, donde Elvira Rodriguez, la indigna y desvergonzada presidenta del legislativo madrileño, pone la institución que representa a toda la ciudadanía al servicio de su partido político, y en concreto, del sector más golfo, al que ella y su jefa, pertenecen, negando a los diputados información que tienen obligación de presentar, y permitiendo iniciativas que tienen el claro objetivo de convertir a la Asamblea de Madrid en una jaula de grillos.

Van a arreciar estos días las presiones, los rumores, las injurias, las calumnias y las noticias falsas de todo tipo contra don Baltasar Garzón, y como sabemos que es un juez valeroso, es poco probable que estas presiones tengan éxito. En cualquier caso, el trabajo valiente de Garzón ya ha puesto sobre la mesa la evidencia de que la derecha es hoy en España lo que ha sido siempre, el caciquismo organizado, el tráfico de intereses, la corrupción, la desvergüenza y el latrocinio de corbata y brillantina. España sigue siendo suya, o eso creen.

En la Asamblea de Madrid, la cosa es distinta, porque es muy posible que los liberales se salgan con la suya, ya que además de la  mayoría absoluta, tienen muy poca vergüenza, y carecen de cualquier principio democrático, así que harán pesar sus votos y cerrarán la comisión de investigación, después de convertirla en un circo. Izquierda Unida tiene que poner las cosas en su sitio, porque el PSOE se va a comportar como si las reglas del juego siguieran teniendo efecto.

Porque, por lo que se ve, la Comunidad de Madrid ya no es una democracia.

Venga... meta ruido por ahí