A mí Bermejo es un tipo que me cae mal, ya lo he dicho otras veces. Y precisamente, porque caza, y por cómo caza. No creo que la caza sea una actividad moralmente reprobable de por sí, aunque irse a Rumanía a cazar osos -sobre todo si están borrachos- o participar en cacerías a las que se va a matar ciervos como forma de matar el tiempo entre negocio y negocio, entre contacto y contacto, pues sí me parece moralmente reprobable. Que jueguen al golf, digo yo, como en los países civilizados y húmedos. Pero estas posiciones mías sobre la caza son posiciones personales y no políticas. Un señor puede ser cazador, y ésa no es circunstancia que le convierta en más o menos merecedor de un cargo público o en mejor o peor ministro.

Mariano Bermejo ha coincidido en una cacería con Baltasar Garzón. El primero era ministro de Justicia, y el segundo está instruyendo el sumario Gürtel, una especie de proceso Manos Limpias español en el que parece que no se salva casi nadie de los pesos pasados de la anterior dirección del Partido Popular y salpica a algunos primeros espadas de la actualidad, especialmente en ciertas comunidades. Un sumario que -a juzgar por la reacción de la cúpula popular- sólo ha sacado hasta la fecha a la luz pública la punta del iceberg de la corrupción de la derecha española, que es más que corrupción conciencia de que son los capataces de una finca en la que tienen derecho a hacer y a deshacer a su antojo, como ha sido siempre.

No se puede entender de otra manera la sucia campaña de desprestigio no ya de un ministro y un magistrado, sino de las instituciones democráticas mismas. No se puede tolerar que un portavoz de un partido muchos de cuyos cargos y dirigentes y representantes están siendo investigados por la judicatura amenace al juez que instruye la causa con querellas si no la abandona, como no se puede consentir que lance campañas de difamación absurdas contra ministros y magistrados por el sólo hecho de que han coincidido en un acto social, por muy reprobable que sea en sí el tal acto social.

¿Alguien que no sea idiota -lamento el calificativo, pero es el que mejor describe lo que quiero decir- realmente se puede creer que allí, en medio del campo, entre la muerte de un ciervo y otro, Bermejo y Garzón, delante de un montón de gente, e invitados por un anfitrión del Partido Popular, se van a poner a conspirar para tramar el desmantelamiento judicial de la trama de corrupción y tráfico de influencias que concemos como Gürtel? ¿Cómo es posible que el Gobierno se acompleje ante tamaña cortina de humo, cómo es posible que un ministro dimita por las presiones casi mafiosas, y desde luego caciquiles, de los dirigentes de un partido que se está ahogando en su propia miseria, nunca mejor dicho?

Bermejo tenía que haber mantenido el tipo, aunque sólo fueraa porque es el ministro que más nerviosos y más ha sacado de sus casillas a los representantes del franquismo reciclado en la democracia actual. Y sobre todo, porque -al margen de la caza- no hay nada que ocultar… por su parte.

Venga... meta ruido por ahí