quiquetimeQue me dice Prieto que no me caliente, y yo, que obediente soy un rato, escribo desde la segunda balda de la nevera, para garantizar la temperatura. Y sin portátil, que tiene más mérito. Pero miren, es que el pobre Enrique Castro me da mucha pena. Es otro que se toma a sí mismo demasiado en serio. Y por eso precisamente, porque quiero contribuir a su fama, que necesariamente ha de ser mala, ya que buena fama el chaval, pues no la puede tener, contribuyo a ella con esta falacia ad hominem que tienen ustedes el gusto de leer, en la que respondo a otra que él mismo perpetra, eso sí, de manera involuntaria. No puedo discutir sus ideas, ni sus posiciones, ni puedo debatir con él, sencillamente, porque no tiene ideas ni posiciones. Por estos motivos, mi relación dialéctica con él no puede ser otra que el soberano menosprecio -que no desprecio, ya que eso implica cierto respeto que no puedo tener hacia quien se hace seriamente autoportadas de Time- hacia su persona. Por eso, me limito a contribuir a su fama con esta entrada, simplemente por que sí, porque creo que a cada cual hay que darle lo que se merece, y porque me da la gana, qué caray.

Hala, dicho y hecho.

Venga... meta ruido por ahí



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