rosamareadaEl otro día hablaba con una amiga acerca de que la política tiene mucho de teatro. Ustedes dirán que soy malo como un demonio de esos que vomitan verde, pero es que creo que tenemos estos días ante nuestros ojos una muestra clara de ello, sobre la que nos llama la atención don Hugo. No es el primer episodio de desmayos simulados y ni siquiera materalizados, de simples proyectos de síncope bien filmados y escenificados, y convenientemente aireados por los medios amigos, y no me pregunten ustedes por qué he metido tantos participios en la anterior oración, porque no tengo respuesta razonable para ello. Volviendo al tema, si fuera una estadista con menos tablas, uno podía decir que le traicionaron los nervios, y se quedó en blanco. Que la tensión nerviosa la mandó a pique. Pero no es el caso. No es la primera vez que recurre a este tipo de cosas para dar pena, y es una mujer que ha basado buena parte de su carrera política en la exageración y el victimismo. En mi opinión, el numerito de Rosa Díaz es sólo eso: un numerito. Y por cierto, no sé por qué, pero me cae bien a mí Rosa Díez.

Venga... meta ruido por ahí



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