wyomingSe ha levantado una interesante polémica sobre el asuntillo del video falso de Wyoming en La Sexta y la reacción de Intereconomía. Creo que se trata de un fecundo debate que está encarándose mal, en mi opinión. Así que aquí se lo traigo a ustedes. El debate está mal enfocado porque se centra en si a Intereconomía le han metido un gol o no, en si Intereconomía ha hecho mal en no contrastar una información recibida de manera anónima por vía sospechosa… Todo eso puede ser verdad, lo es, de hecho, porque Intereconomía es un grupo de comunicación que hace información deshonesta, basada en el prejuicio ideológico y no contrastada. Pero eso ya lo sabíamos, no hay novedad en ello. El problema es cuando llevan a cabo las mismas prácticas, u otras peores, cadenas de televisión que hacen gala de profesionalidad, que se presentan como serias e independientes y con las que en mucha o buena parte de su línea editorial coincidimos quienes por aquí pasamos. Y eso es lo que hay que criticar, porque no vale todo.

Desde hace unos años, se está produciendo un fenómeno curioso en el periodismo español, especialmente en el  televisivo. Me refiero a esa actitud que proviene del periodismo del corazón y de los reality shows -mantengo el nombre inglés, ya que nada me parece más despectivo que nombrarlo en inglés- de que si la actualidad no tiene los niveles suficientes de morbo, pues fabricamos una actualidad a nuestra medida. De esta manera, en los últimos diez años, las las cadenas de televisión se han superpoblado de “casas”  en las que las productoras han metido a gente desconocida y seleccionada para que coman, guisen, hablen, discutan, peleen, follen, caguen y méen a la vista de todos, y luego, sobre lo que ocurre en esas casas, que se retransmite en directo, todos los programas de la cadena discuten, debaten, especulan, y fabrican una actualidad que no es otra cosa que morbo puro en torno a personas a las que, hasta apenas unas semanas antes no conocía nadie, no tenían oficio ni beneficio yque  no interesaban a nadie.

Las cadenas de televisión se han poblado en estos diez años de una suerte de granjas de famosos artificiales para construir una realidad alternativa. Las casas llenas de cámaras, las islas desiertas transitadas penosamente por  famosos medio desnudos, desnutridos y pasándolas canutas, las expediciones a Pekín, vía Moscú -esto último, encima, con ínfulas de intelectualidad y seriedad, a pesar de haber explotado miserablemente el cáncer de una de las participantes-, las escuelas de moda, danza o música, en las que se fomenta la competitividad absurda y la agresividad morbosa entre los participantes, han encanallado las parrillas televisivas españolas, y cada vez es más complicado encontrar programas que no se dediquen a provocar a otros programas de las cadenas rivales, a perseguir ancianas que casi no se pueden mover -como está ocurriendo estos días con la Duquesa de Alba-, a sacar a la calle a reporteros -o modelos buenorras, directamnete- que no buscan trasladar la realidad al espectador, sino infiltrarse en ella con el escote abierto y transformarla en algó diferente de loque es, y a ser posible más sucio.

El periodismo satírico no es periodismo basura. La historia del periodismo español está repleta de publicaciones y periodistas que se han dedicado a este género honroso que nos ayuda a comprender la actualidad. Por eso, en principio, el programa de Wyoming debería ser considerado como periodismo serio, porque interpretar la actualidad con humor es, desde que el periodismo existe, una de las formas de periodismo serio y legítimo. Pero lo que ha hecho este fin de semana Wyoming no es otra cosa que periodismo basura:  ha fabricado una noticia, que no es el vídeo en sí, sino el hecho de colárselo a Intereconomía con la intención de contar luego que se la han colado.

A mí, esa es una actitud que me parece similar a la de arrancar alculpable de un asesinato la confesión mediate torturas. Es verdad que el asesino es el asesino, pero la confesión no se puede utilizar en el juicio porque no se ha conseguido legítimamente. Pues esto es lo mismo, y no hay justificiación posible en la obsesión que pueda tener la cadena ultraderechista en el programa de Wyoming, porque a la basura no se puede responder con basura.

Así que aquí tienen ustedes mi opinión sobre este espinoso y desagradable asunto.

En cualquier caso, alivia saber que Wyoming “es cabrón, pero no tanto“, porque dicho todo lo anterior, hay que reconocer que el tipo es muy gracioso.

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