Hacer análisis simples y maniqueos (hay muchos más ejemplos, estos días e irán saliendo más alante) es muy sencillo. Sobre todo, cuando el maniqueísmo y la simplicidad son voluntarios y buscados, y cuando las palabras que se dicen o se escriben son simples excusas, simples pretextos que sirven a un fin que no es el que se plantea en ellas. Es lo que han hecho este fin de semana muchos blogueros de Izquierda Unida, en unos casos,  en complicidad culpable con quienes han lanzado la consigna de entrar por la puerta de atrás cuando no se pudo entrar en su día por la de delante. En otros casos, hechizados por los tramposos cantos de sirena. Los primeros son culpables, porque si logran su objetivo, será a ellos y a nadie más a quienes debamos el acta de función europea de Izquierda Unida.

Cuando Izquierda Unida planteó recientemente sus alianzas de cara a las próximas elecciones europeas, desde ciertos sectores se pusieron objeciones formales y políticas al mantenimiento del acuerdo con ICV. Plantearon la reestructuración de la lista, para relegar a ICV al tercer lugar, así como la exigencia a la formación catalana para que sus eurodiputados se integraran en un eurogrupo determinado. Nadie se atrevió a plantear claramente la ruptura del acuerdo, pero era lo que, con la boca pequeña, pedían quienes lo objetaban, sectores por otra parte y en general vinculados al PCE. El Consejo Político Federal de IU, en cambio, aprobó el 7 de febrero que se iniciaran las negociaciones con ICV para alcanzar una candidatura conjunta. Esas negociaciones llegaron a buen puerto, dentro de los márgenes marcados por el Consejo Federal, y ahora sólo queda ratificar el acuerdo.

Entre tanto, ha ocurrido algo que todos conocemos, y que a todos nos preocupa, pero que algunos intentan utilizar para evitar que el Consejo Federal ratifique el acuerdo con ICV: la policía autonómica catalana cargó brutalmente contra los estudiantes que, en protesta por el Plan Bolonia, ocupaban el rectorado de la Universidad de Barcelona. El Conseller de Interior Joan Saura, a la sazón presidente de ICV, y responsable político de la policía catalana se ve desde entonces en el ojo del huracán, presa de una extraña pinza que más que pinza es tenaza. Una de las patas de esta pinza  la componen ciertos sectores policiales extremadamente corporativistas que no le perdonan al consejero haber abierto varias investigaciones sobre presuntos malos tratos en comisarías catalanas y  no disimulan su intención de deshacerse de Saura. De ahí que algunos piensen que la carga de la semana pasada, en la que los mossos se emplearon  con especial saña no sólo contra los estudiantes, sino también contra los medios de comunicación (escuchen el video, que tiene mucho interés y se ha difundido poco), tenga en realidad la finalidad política de hacer caer a Saura. La otra pata de esta penosa tenaza  la componen aquellos que no disimulaban antes su antipatía por los acuerdos con ICV, pero no se atrevieron a plantearlo claramente en el Consejo Federal, y ahora pretenden extender una cortina de humo con la que intentar que finalmente no se firmen los acuerdos. Como dice don Romenauer, si no fuera por esto, sería por otra cosa.

Como han dicho antes Liber y Lidia, yo soy partidario de que IU e ICV, la fuerza a la que pertenecen los compañeros Saura y Joan Herrera, y muchos otros amigos y compañeros míos a quienes, en el colmo del despropósito, se ha llegado a llamar fascistas, mantengan sus acuerdos electorales. Compartimos el 90 por ciento de nuestros planteamientos políticos y la totalidad de nuestros compromisos programáticos, se ha llegado a ya a un acuerdo político al que sólo le queda ser ratificado, así que lo que hay que hacer ahora es ratificar el acuerdo, no escuchar los cantos de sirena, pensar un poco las cosas antes de decirlas, y ponernos todos a trabajar en conseguir los mejores resultados posibles. Que es mucho trabajo y muy difícil.

Lean el comunicado de EUiA sobre el tema.

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