A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

En un reciente foro en La Habana, Santiago Alba Rico planteaba una interesante y precisa reflexión sobre los medios de comunicación alternativos y sobre la crisis de credibilidad que padecen. Su diagnóstico era preciso, aunque las referencias implícitas al enorme grado de alienación de la sociedad aparecían casi disimuladamente. Estamos poseídos, estamos manipulados y estamos gilipollizados por los medios de comunicación masiva (MCM), que son las armas de destrucción masiva utilizadas por los grandes poderes económicos para que sus lacayos e intermediarios (1) entre ellos y nosotros encuentren el camino allanado.

Iba a hombros de mi padre durante la manifestación de la Diada de 1977 en Barcelona, pero no recuerdo a las otras novecientas noventa y nueve mil novecientas noventa y nueve personas. Mi primer recuerdo político de consideración se lo debo al teniente coronel Tejero. Aún puedo recordar la preocupación en el rostro de mis padres en aquel 23 de Febrero, pero si algo permanece fresco en mi memoria es aquella frase, “¡todo el mundo al suelo!“, que con mis amigos repetía cada dos por tres en clase, en el recreo, o de vuelta a casa. Fue la frase del momento y, aunque no era capaz de comprender plenamente la gravedad inherente a aquella intentona golpista, reconozco que sentía cierta simpatía, o cierto aprecio, por aquel personaje, por aquel cómico bigotudo que había ordenado a los diputados que se fuesen al suelo. Bien cierto es que mis padres trataban de transmitirnos, a mí y a mi hermano, la gravedad y seriedad del momento, pero lejos estaba mi inocente cabecita de sentir miedo o preocupación alguna ante tamaña bufonada. El agradecimiento por aquella “frase del momento” tardo en convertirse en asco, una vez me planteé reflexivamente el fondo del asunto.

Los MCM nos mantienen como a niños y somos incapaces de percibir la gravedad de tantos asuntos que se empeñan en edulcorar, mientras nos aseguran la malicia y el peligro de otros tantos asuntos que no dejan de ser poco menos que cuentos para criaturas, pesadillas propias de los siete sueños infantiles de rigor. Por ejemplo, el lector de los medios masivos no puede dejar de mirarse al espejo de los EEUU, consciente de la responsabilidad política y moral que ve reflejada en las lecturas que se nos hacen del imperio, mas incapaz de leer entre líneas y descifrar la prodigiosa maquinaria intoxicadora de dicho espejo, nada fácil de atravesar por una mirada indagadora.

El cada vez más extenso universo de los medios de comunicación alternativos necesita de esa credibilidad de la que nos habla Santago Alba rico, pues ya cuenta con la verdad que, como es sabido, no basta para abrirse un hueco en esta sociedad tan despistada. No somos pocos los que, durante años, hemos rendido nuetra necesidad de estar informados a grandes medios de comunicación o poderosos conglomerados mediáticos. Dar el salto, desintoxicarse, es difícil, aunque nunca se consigue del todo, pero el primer paso necesita entender que esos grandes medios nos dan y quieren dar gato por liebre, quieren que permanezcamos en una estado de infantilización permanente. No es la tendencia político-ideológica sino la honestidad lo que debería ser utilizado como parámetro de evaluación de esos grandes medios. La defensa de una idea no es tan criticable ni peligrosa como la mentira utilizada para defenderla.

Desde La Habana me preguntan, ¿qué medios alternativos, además de nuestro amado Gramma, merecen tu atención? ¿Y que medios masivos merecen tu desprecio? Como lector no habitual del diario del órgano que paga mis emolumentos prefiero dejar ese asunto para otro día y pedir al amable lector de estas líneas que reflexione conmigo a través de las palabras de Santiago Alba Rico.

Notas:

(1) Los políticos del sistema.