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Por primera vez en muchos años, estoy contento -aunque sea moderadamente- con lo que está ocurriendo en Izquierda Unida. Como todos ustedes sabrán, este fin de semana se celebra la VIII Asamblea de IU-CM, y está teniendo lugar en un clima unitario casi inédito en nuestra federación. Al parecer, le hemos visto las orejas al lobo, y hemos decido poner tierra de por medio, buscando lo que nos une y no lo que nos separa, reconocernos los unos a los otros y -como ha dicho un delegado desde la tribuna- dejar de militar en las corrientes y empezar a hacerlo en Izquierda Unida. Esperemos que sea verdad.

El consenso entre las tres corrientes tiene que implicar necesariamente una colaboración leal, y unos órganos de dirección en los que se trabaje desde la corresponsabilidad y en los que no se reproduzca la dinámica gobierno-oposición. Así mismo, el consenso entre las tres corrientes tiene que servir también para impulsar la renovación, que no es otra cosa que la aparición de caras nuevas, especialmente de las caras de aquellas personas, preferentemente jóvenes y probablemente mujeres, que ya han demostrado su valía en el trabajo cotidiano en sus ámbitos de militancia.

Parece que hemos decidido darnos una última oportunidad. Porque es la última. La dirección plural, joven y renovada que salga del consenso de la VIII Asamblea tiene una misión de primer orden: elaborar un programa político basado en los problemas de la ciudadanía madrileña; un programa político para la reconstrucción del estado del bienestar en la Comunidad de Madrid; un programa político que aporte soluciones a los problemas de vivienda y de empleo que tenemos quienes vivimos en la región; un programa político para la recuperación de una sanidad y una educación realmente públicas; un programa político para la erradicación de la especulación urbanística y el deterioro sistemático de nuestro medio ambiente; un programa político -en definitiva-  para minar la hegemonía de la derecha en nuestra región.

La dirección que salga de la VIII Asamblea de IU-CM tiene una importantísima responsabilidad a la que hacer frente: recuperar la credibilidad la ciudadanía madrileña y convertir a Izquierda Unida en una fuerza determinante para conformar una nueva mayoría progresista y de izquierdas en la Comunidad de Madrid que permita desalojar del gobierno a las políticas neoliberales.

Poco más puedo decir esta noche, salvo desear que hoy domingo se materialice lo que ayer se fraguó y felicitarme -con cierto orgullo- por el empeño, la generosidad, el trabajo y el tesón por alcanzar este clima unitario que han desarrollado -en algunos casos con el viento a la contra- algunas personas amigas mías de las tres corrientes, y componentes de I Love IU, por cierto.

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