Lo de Copérnico, Kepler y Galileo ya fue una tocada de narices importante. Que si es la Tierra la que gira alrededor del sol, que si las órbitas no son perfectas (oseasé: circulares), que si la distancia a las estrellas es mucho mayor de la prevista. que si patatín, que si patatán… El Belén medieval construído por Dios colocando a la humanidad  como centro y referencia de todas las cosas empezaba a desmoronarse. Cuatrocientos años después la cosa no ha hecho más que empeorar: ahora resulta que la Tierra y el mismo Sol no son más que elementos marginales e insignificantes de una galaxia de a tomar viento la farola que, a la postre, no es más que una esquirla lanzada a velocidad de vértigo por una explosión que sucedió hace 15.000 millones de años. ¡Menuda putada para nuestro ego!

No había leído esta entrada de Eberhard Grosske sobre la que me han llamado varias veces la atención. Torpe que es uno. Léanla.

Venga... meta ruido por ahí