A los partidos políticos les ocurre lo mismo que a las naciones, a las regiones y a los pueblos: tienen sus hechos diferenciales. El del PP es la desfachatez y el de IU es la pasión por la atomización. Pues bien, el del PSOE es la hipocresía. Sólo desde la más absoluta hipocresía  se puede entender su actitud de ayer, al negarse por una parte a que el estado se haga cargo de devolver a sus familiares los cuerpos de las personas a las que el estado que precedió al actual fusiló en cunetas y carreteras por todo el territorio español, y que aún hoy están enterrados en fosas comunes anónimas, y por otra parte al negarse a devolver el patrimonio expoliado por el franquismo a miles de familias españolas a las que lisa y llanamente se prohibió tener dinero, obligándolas a ingresarlo en bancos que, a cambio, les dieron unos pagarés que aún están esperando cobrar.

¿Y qué decir de la posición de CiU, que se niega a que el estado se haga cargo de la recuperación de los cuerpos de las cunetas -debe ter pocos parientes y amigos CiU en las carreteras españolas y catalanas- pero en cambio accede a que se recupere el dinero que la dictadura robó a las familias? ¿No será que claro, que dinero sí se lo deben devolver, porque algo seguro que les mangaron a ellos, representantes de la burguesía catalana, una burguesía a la que fusilaron poco, pero mangaron mucho, por lo visto? La derecha miserable, ya saben ustedes…

A estas alturas de la película, sabemos ya que la Ley de Memoria Histórica no ha sido más que un bluf, una capa de cosmético para hacer pasar al PSOE y al presidente Zapatero por progresistas, cuando poco a poco nos vamos dando cuenta de que se trata lisa y llanamente de populismo, de picar aquí y allá, de usar a un abuelo en unas ocasiones, y pactar con los colegas del otro abuelo, -porque en todo esto han votado juntos PSOE y PP-, en otras ocasiones, de amagar pero no dar, como ha pasado con la ley de dependencia, con la enseñanza, con las relaciones con la Iglesia…

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