A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

El estado español no es una democracia. Es un hecho que viene de largo, de muy largo, y quién sabe si algún ciudadano del estado en cuestión ha vivido en democracia o, al menos, en un sistema político mínimamente exigido por el pueblo (1), si es que puede hablarse en tales términos de la II República. No es nada fácil explicar la condición inequívocamente antidemocrática del Estado Español tal y como lo conocemos, y no porque sea una explicación especialmente difícil, sino porque la inmensa mayoría de españoles no quieren entenderla.

En España también padecimos un golpe de estado. Los golpes contra el ordenamiento vigente pueden darse contra sistemas antidemocráticos y, entre éstos, incluso se han dado algunos golpes beneficiosos para la inmensa mayoría de los habitantes del estado golpeado (3). Pero permitan que me centre en el caso de España. Aquí, en esta España severamente antidemocrática, en esta dictadura (aparentemente) confortable (4), se ha permitido y permite la constante apología del fascismo (algo perseguido en Alemania, por ejemplo) en jornadas como la de cada 20 de Noviembre o cada 12 de Octubre. Se ha defendido y defiende en diversas tribunas el golpe de estado fascista de 1981, se ha tolerado y tolera la aquiescencia política y moral de importantísimos dirigentes de cierto partido con responsables de actos de terrorismo de estado (6), se ha celebrado y celebra la defensa y exaltación de “nuestras” multinacionales, que han rapiñado con frenética glotonería en el Cono Sur, amplificando la miseria y la exclusión, o se ha asistido y asiste al bochornoso espectáculo permanente de unos dirigentes políticos que colaboraron y todavía colaboran efusivamente en la organización, gestación y desarrollo del genocidio iraquí (7), fundado en mentiras posteriormente reconocidas por casi todos ellos, dirigentes que se chulean, se mofan y se ríen del mundo sin que la justicia se plantee procesarlos.

Hemos visto muchas cosas en esta España, vaya, que nos hemos puesto las botas de ignominia, hipocresía y poca vergüenza. Hemos visto de todo en este lamentable país, en el que cada año se asesinan a más de 50 mujeres porque algunos tienen los cojones muy grandes, un país en el que ves a la gente indignada porque Víctor Valdés ha regalado un gol al Espanyol o ante la última boludez del dirigente deportivo de turno, la misma gente que, si pudiesen, harían lo mismo, ante el último pelotazo de cualquiera de los innumerables chorizos ibéricos de guante blanco de los que podemos presumir, un país que moviliza a ‘toquisqui’ porque la pobre Marta se sumó a la trágica lista de la violencia de género y apenas se mosquea durante la permanente masacre de inocentes en medio mundo, un país que da pena, se mire por donde se mire, un país que se mira al ombligo permanentemente mientras acusa de lo mismo a los que viven en su periferia, esos “nacionalistas”, un país hipócrita, un país en el que ciertamente hemos visto muchas cosas. Éste es el país que niega el derecho a la representación política a miles de personas porque sus representantes no han condenado los asesinatos de una banda terrorista. Éste es el país en el que, a veces, no decir nada es decir “sí”, en el que negarse a condenar es apoyar a los condenados, en el que pensar distinto se puede pagar con la negación de la libertad.

Desde La Habana me preguntan si pienso en las elecciones vascas al escribir todo esto. Mi respuesta es que también. Allí se ha sumado la ilegalización de un partido político a las carencias habituales de los sistemas capitalistas y la no menos habitual podredumbre del estado español. En nombre del “estado de derecho” se ha perseguido y se persigue a una forma de pensar cuya ilegalización supone un doble problema: en primer lugar el del agravio comparativo, que es inevitable al observar con detenimiento la realidad política que he esbozado más arriba, y en segundo lugar (pero no menos importante) la propia persecución de la diferencia, el acorralamiento del pensamiento crítico, del pensamiento ajeno, del Pensamiento (8). ¿Acaso no es evidente que, como diría Kant, continuamos en minoría de edad?

¿Acaso no es evidente que esto no es una democracia?

Notas:

(1) Conviene apuntar que lo que el pueblo español quería entre 1975-78 no se corresponde con lo que consiguió. Otra cosa es que no se dé cuenta.

(2) Además, el papel jugado por el Monarca durante el golpe de estado de 1981 contradice a los que arguyen características meramente decorativas a la institución que aquél representa. Vaya, que la monarquía pinta, y mucho, en el sistema político español.

(3) Recordemos el golpe de estado de 1959 en Cuba contra la dictadura de Fulgencio Batista.

(4) Se me ha ocurrido a mí. Creo que es una buena manera de diferenciar la dictadura fascista de Francisco Franco Bahamontes (5) con la presente dictadura o partidocracia totalitarista de inspiración tardo, pre y pro franquista.

(5) Uno de los elementos heredados de la dictadura franquista y que, de momento, parece producirse cíclicamente, es la mediocridad, que se ha ido alternando en el gobierno central gracias a los presidentes Calvo-Sotelo y Aznar, que reproducen esa curiosa herencia tan humana inaugurada por el “caudillo”.

(6) Personajes como Felipe González y otros capitostes socialistas no se callaron o se negaron a condenar en su momento a los responsables del GAL (el mismo motivo que mantiene en prisión a dirigentes aberzales) sino que los defendieron públicamente, aun con una condena firme que certificaba su responsabilidad en múltiples crímenes. Claro, entonces no existía la Ley de Partidos.

(7) Claro ejemplo de asociación con banda armada.

(8) En este asunto, siempre recomiendo la lectura de este escrito. Sólo es un ejemplo, pero creo que el sumario 18/98 de la Audiencia Nacional ejemplifica claramente la persecución política del pensamiento aberzale.

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