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Nacho Abad Andújar
Madrid Sindical

Lo que más me descorazona es dónde está la izquierda. Eso es lo que más me jode. ¡Qué pasa con Izquierda Unida! ¿Dónde coño está?“. Quien se pregunta por tal aturdimiento es José Sacristán (Chinchón, 1937), actor que dice sentirse “moralmente comunista“. “Es un territorio en el que me encuentro muy a gusto“, explica en esta entrevista.

P. ¿El capitalismo está igual de enfermo que los pacientes de cáncer que representan usted y Alterio?

R. La enfermedad del capitalismo es mucho más siniestra. El ser humano sabe que está condenado a morir, es un organismo que se deteriora. El capitalismo es un sistema tan perverso que ocasiona sus propios desastres, sabiendo que quien los paga son los débiles.

P. ¿Es más fácil resucitar ahora a Carlos Marx?

R. No creo lamentablemente que sea tan fácil. El personal no está por la labor. Ha habido un corrimiento de tierras y un desclasamiento evidente. Cuando se celebra el 1º de Mayo, y calculas la gente que sale a la calle a celebrar tal acontecimiento y lo comparas con las carreteras atestadas de gente que huye a pasar el fin de semana por ahí, compruebas lo difícil que va a ser resucitar al señor Marx.

P. ¿Se sigue considerando comunista?

R. Sí. Moralmente estoy ahí. Sé perfectamente que es inaplicable conforme avanzan los tiempos. Sería estúpido pensar que es realizable, y más con mi edad. Pero el comunismo es un territorio moral en el que me encuentro muy a gusto.

P. ¿Qué significa ser comunista en el siglo XXI?

R. Entender una forma de relaciones entre los seres humanos donde existe la equidad, la igualdad y la justicia. Significa, también, no estar contaminado de toda esta podredumbre del capitalismo.

P. ¿Cree usted que Obama va a tener las manos libres para llevar el capitalismo en crisis por caminos que le transformen en un sistema más humano?

R. Una vez jubilado quien emitió el veredicto del eje del mal, hay que confiar en que Obama tenga cierta capacidad de maniobra, la que le permita el sistema, para dirigir los pasos por otro lado. Lo de Bush ha sido una de las épocas más siniestras de la historia de la humanidad. Pero todo esto me produce una sensación jodida. Sé perfectamente dónde están los niveles de responsabilidad. Si te pones a buscar inocentes, cada vez hay menos. El puto plato de lentejas ha comprado muchos derechos de primogenitura. Perdón por ponerme bíblico.

P. Del Gobierno español, ¿qué piensa?

R. Las reglas de juego planteadas por este Gobierno son más ambiguas e imprecisas de lo que a mí me gustaría, a propósito de lo que yo entiendo por justicia social. Mira las relaciones con la Iglesia. Pero lo que más me descorazona es dónde está la izquierda.

P. ¿Qué pasa con la izquierda?

R. Eso es lo que más me jode. ¡Qué pasa con Izquierda Unida! ¿Dónde está? Hay que mirarla con lupa. ¿Dónde coño está? ¿Qué pasa con la izquierda? Me pone de los nervios. Me pasa con Al Fatah y Hamás. Cómo es posible que un pueblo tan humillado y pisoteado esté dándose de hostias entre sí. ¿Cómo es posible que Izquierda Unida, conforme está el panorama, esté dónde está? Y como la historia ha favorecido toda la vida a la derecha, ahora toca bajarse los pantalones, aguantar a la Iglesia y aguantar este chaparrón de mierda de unos especuladores de mierda. ¿Por qué? Porque no hemos tenido capacidad de reacción real para neutralizar, atajar y controlar.

P. La travesía para esa izquierda parece ser larga.

R. Larguísima. No le veo solución a corto plazo.

P. Con la crisis, ¿el público va menos al teatro?

R. No es cierto. La temporada ha arrancado estupendamente. Nosotros estamos llenando todos los días. Y volvemos al Fernán Gómez en enero del año que viene [después de girar por todo el país]. El teatro funciona bien. No así el cine, lamentablemente.

P. El teatro es una forma de ocio, ¿y algo más?

R. Puede ser sólo ocio, y es dignísimo y está muy bien. Y puede ser más cosas. Pero hagas cine, teatro o escribas, hazlo bien. Que no sea una excusa el testimonio, el compromiso, el mensaje para hacer una chapuza, porque se vuelve contra lo que tratas de defender. Para mí no hay géneros ni medios.

P. De hecho dice que prefiere hacer bien un entremés que cargarse a Shakespeare.

R. Y una serie de televisión que una obra de teatro mala. Ni los géneros ni los medios se redimen por sí mismos. Todo es según lo hagas.

P. Nueve meses en Buenos Aires. Asegura que la calidad media del teatro argentino está por encima del español.

R. Sin ninguna duda. Y no lo digo ahora. Buenos Aires es una ciudad, teatralmente hablando, con unas propuestas superiores en calidad y variedad a Londres o Nueva York. Es acojonante lo que pasa en Buenos Aires. Y es acojonante la relación que existe entre la sociedad y la gente de la cultura y el espectáculo, la reciprocidad con la que unos hacen propuestas y la respuesta de la gente. Es envidiable.

P. Si en los setenta y ochenta fue uno de los espejos en los que se miraba el españolito medio, ¿Sacristán se siente hoy espejo de algo?

R. No, ya no. A mi edad mejor que no se reconozca nadie en las dolencias que me aquejan y en las goteras que sufro. Sigo estando contento. Creo seguir siendo alguien que cuenta con una forma de respeto y de cordialidad con la gente que mira mi trabajo y me ve vivir. Procuro no hacer nada que me haga faltarme a mí mismo al respeto.

P. Y le van las interpretaciones de perdedores.

R. Son los mejores. Tienen más entidad. Donde hay un conflicto existe una cuestión a resolver, la lucha permanente por la vida. Y ahí están los grandes personajes. Perdedores somos todos. Perdedor fue Jesucristo. Y Hamlet.

P. ¿Asusta el paso del tiempo?

R. Asustar no es la palabra. El tiempo pasa pasando factura, por un lado, y haciendo otras ofertas interesantes, por otro, si no eres más tonto de lo debido y la salud te acompaña. Asustarme, no. Pero estoy más prevenido,  porque raro es el día que te le levantas y no te duele algo.

P. ¿Qué le pide a la vida a los 71 años?

R. Seguir llevándome bien conmigo mismo y con la gente de mi alrededor. Mientras me divierta,  seguiré haciendo mi trabajo. Y estar en casa con mis amigos. Ya no espero cambiar el mundo, ni muchísimo menos. Sé que moriré y la impostura, la indignidad y el atropello seguirán campando a sus anchas.

P. Lo de Esperanza Aguirre y los espías, ¿da para un sainete?

R. Es más bien un esperpento.

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