Yo soy consciente de que hay saraos en los que es mejor no meterse, pero esos saraos son precisamente los que tengo cierta tendencia a frecuentar. Además, me siento directamente interpelado por Sira, que me hace una serie de preguntas concretas, y por eso -y porque soy una persona muy educada- no tengo más remedio que responder. Quizás las respuestas que voy a dar pongan de relieve mis propias carencias, que soy consciente de que no se trata de un tema sencillo, pero también creo sinceramente que la actitud que refleja la entrada que respondo deja traslucir un cierto victimismo que se esconde detrás de muchos ismos. Y además, trata de echar balones fuera achacando a “nuestros chicos” -uno de los cuales soy sin duda yo, y por eso respondo- responsabilidades que a estas alturas del asunto, pueden ser en buena parte nuestras, pero son también, sin duda alguna, compartidas.

Esta organización nuestra, tan verde, tan roja y tan violeta, está desteñida. Nuestra formación tiene estructuras que reproducen el sistema. Cuando hablamos de la perspectiva de género, debemos asumir que el principal reto debe ser no sólo equiparar los espacios a la participación de las mujeres, sino asumir qué clase de estructuras orgánicas tenemos y qué tipo de intereses subliminales reproducen. ¿Creemos realmente que una organización con estructuras que limitan la participación de las mujeres en la toma de decisiones puede ser transformadora y de izquierdas? Listas paritarias, lenguaje no sexista…

Y a partir de aquí, manifiesta su deseo de “preguntar a los chicos de IU cosas concretas“, deseo que voy a intentar satisfacer, al menos en lo que me toca. Por eso, voy a intentar responder desde un punto de vista absolutamente personal y no político, que entiendo que es lo que nos pide Sira.

¿Vais a cedernos la cuota de poder que nos corresponde?

A la gallega:  ¿Cuál es esa cuota y por qué os corresponde? ¿Qué es lo que limita ahora mismo a las mujeres para participar en IU, tomar parte en las decisiones, integrarse en los órganos de dirección? Que yo sepa, nada, salvo quizás la pereza política que nos invade últimamente a todos y a todas. Es cierto que hay tendencias y estructuras del pasado que tienden a reproducirse en el presente, es cierto que hay una generación -mayoritariamente masculina- que tapona la entrada de aire fresco y de personas nuevas -algunas de ellas, mujeres que traen mucho que aportar y se encuentran ante un auténtico muro-, pero no es menos cierto que esa nueva generación que empuja es mucho más “paritaria” y tiene este tema perfectamente interiorizado. Y es que quizás el problema no sea la participación de las mujeres en la toma de decisiones, sino la simple participación en la toma de decisiones, que es nula. Quizás el problema sea que el rito asambleario, el rito estatutario, se repite regularmente, como se repite la bendición del pan y el vino cada domingo, sin que haya detrás voluntad alguna de que las decisiones sean colegiadas, debatidas y participadas… Y quizás sea eso lo que haya que corregir, porque corregido eso, se corrija lo demás casi de manera automática.

¿Vais a dejar de acusarnos de ser “mujeres florero” por formar parte de listas paritarias?

A la gallega también: ¿Podrías citar algún caso concreto, con nombre y apellidos, de esa acusación? Lo digo porque es posible que sean casos tan aislados que puedas preguntárselo directamente a las personas que han realizado tales acusaciones. Las listas paritarias en IU son un hecho en las normas, y si las normas no se cumplen en este terreno, no es por ninguna conjura machista, sino por la misma razón por la que no se cumplen otras normas en nuestra organización: el sectarismo propio de los grupos y corrientes -algunas mucho más sectarias que otras, por cierto- que nos dividen, que, ante la coyuntura de garantizar su representatividad, la presencia de sus “popes” o la paridad, sacrifican la paridad. Esto lo hemos visto muy recientemente, en la formación de los órganos de dirección federales. Y ahí, tan responsables son las compañeras como los compañeros, sobre todo los “popes” y las “popesas” -que las hay-, si se me permite la licencia.

¿Vais a entender de una vez que no vamos a pegar un puñetazo encima de la mesa para argumentar nuestras posiciones políticas?

La pregunta es claramente personal, así que la respuesta será personal también: yo nunca he recurrido a tal cosa. De hecho, no suelo hablar en las reuniones, y me expreso habitualmente por escrito. En cualquier caso, no entiendo muy bien la razón de esta pregunta, salvo que se quiera apelar al mito ese del carácter necesariamente violento del varón para colocarnos a todos, al margen de cualquier consideración individual, en situación de culpabilidad potencial, lo cual, sin duda, es muy útil si se quiere evitar la respuesta.

¿Vais a asumir que hay que cambiar las reglas del juego para que quepamos todos y todas en esta organización?

Yo sí, vamos, lo tengo asumido hace mucho. Estoy dispuesto a cambiar lo que haga falta no para que quepamos todos y todas, sino para que IU vuelva a ser lo que nunca debía haber dejado de ser: un lugar de acogida y no un lugar del que huir a galope. Estaría muy bien, por otra parte, que dijeras a qué te refieres en concreto, e incluso que presentaras enmiendas a los estatutos y a los documentos de la VIII Asamblea de IU-CM en el sentido que planteas. Lo mismo, incluso, te pueden valer algunas de las que han presentado ya otros compañeros y compañeras que van en la línea que tú dices. Si quieres leerlas, las tienes  disponibles en www.iucmadebate.net. Sinceramente, no creo que IU sea precisamente un lugar en el que las mujeres tengan especiales dificultades para participar por el hecho de ser mujeres, aunque sí es posible que aquellas normas que buscan avanzar en este sentido, no se cumplan. En parte, por lo que he dicho antes, y en parte por una falta de implicación por parte de muchas compañeras, por cuyos motivos habrá que preguntarles a ellas.

¿Vais a comprender que nuestro silencio es humildad, que no necesitamos escucharnos permanentemente para reforzar nuestro ego?

Muy bonito eso de la humildad, Sira. Yo, si me dices que tu silencio responde a la humildad, pues me lo creo, pero como te conozco, y además, no me pareces especialmente silenciosa  (y me parece bien, que no tienes por qué ser silenciosa), pues también tengo que manifestar mi sorpresa por tu afirmación. En cualquier caso, te he de decir que me siento muy identificado con la segunda parte de tu pregunta, y que mi silencio -porque yo sí soy silencioso-  responde más bien a una cierta timidez, a un cierto miedo a hablar ante la gente que aún no he conseguido superar, y a que me da mucha vergüenza hacer eso que es tan común en nuestra organización, tanto entre los compañeros como entre las compañeras, que es empezar las intervenciones diciendo: “yo estoy muy de acuerdo con lo que acaba de decir el compañero (o la compañera) que me ha precedido en el uso de la palabra, pero quiero matizar que…“, y aquí empieza una perorata que viene a decir, efectivamente, lo mismo que dijo el anterior, y el otro y el otro, y que le deja muy contento -o contenta- porque recibe los aplausos de sus correligionarios, que, lamentablemente, no suelen ser todos los que están, ni han aplaudido al anterior, ni al otro, ni al otro, a pesar de que ha dicho exactamente lo mismo.

No sé si estas respuestas te sirven de algo, Sira, pero me has preguntado y te he respondido todo lo sinceramente que he podido. Quizás demasiado.

Venga... meta ruido por ahí



Tagged with →