Ya saben ustedes que los brutos de los romanos, en extraña alianza con la oligarquía y el pueblo judío, liquidaron por estas fechas al mismísimo Hijo de Dios, al que clavaron los muy salvajes en unos maderos y ahí le dejaron hasta que se murió -aunque bien es cierto que por pocos días-, según dicen, por asfixia, junto a dos pobres mendas a los que acusaban de ser unos mangantes de tomo y lomo. Bueno, pues los cristianos, que son raros de narices, en lugar de estar negros por el evento que conmemoran, oigan, que les mataron al padre fundador impunemente, pues se van de vacaciones.

A mí, todo esto, ni me va ni me viene, porque además todos los años es igual, mucho Jueves Santo, mucho Viernes Santo, y uno se hace ilusiones, creyendo que por fin tenemos un mundo sin dioses, reyes ni tribunos, pero va el tío -no sé cómo lo hace- y resucita todos los años al tercer día, que no sé por qué lo llaman tercero, porque en realidad es el segundo, como cualquiera que sepa contar puede comprobar.  Bueno, el caso es que igual que la conmemoración del nacimiento de Cristo es una ocasión como cualquier otra para ponerse morao de centollas, nécoras y moluscos bivalvos de la más variada índole, la conmemoración de su muerte y resurección es también una magnífica oportunidad para hacer lo propio con inocentes corderitos.

Así que aquí les dejo a ustedes, para que reflexionen sobre esto que les he dicho, o sobre cualquier otra cosa que se les ocurra. Queda a cargo de la nave, como es habitual, don Mutxel, y como blogueros y blogueras de guardia, los que relaciono a continuación:

En cuanto al encargado de este predio moscovita durante mis días de ausencia, y dado que don Mitxel fue un capataz muy ineficaz el último puente, pues queda la plaza vacante.

Así que ahí se quedan ustede.

Venga... meta ruido por ahí



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