icities

Mi padre contaba que el suyo le acostumbró desde pequeñito a abrir el diccionario al azar todos los días, y aprender al menos tres o cuatro palabras cada noche. Yo he estado este fin de semana en Candelaria, Tenerife, en el iCities 09 como saben todos ustedes, y he aprendido muchas cosas, entre ellas un verbo, un verbo maravilloso: “desvirtualizar“, que, si tuviese que incorporar al diccionario, sería con una definición más o menos como la siguiente: “acción de conocer fuera de la red a aquellas personas con las que, hasta el momento, sólo se había mantenido contacto a través de internet“.

Así que voy a estrenar el verbo con una pequeña entrada, para decirles a ustedes que he tenido ocasión de desvirtualizar, entre otras personas a @casasroger@davidcierco, @iescolar, @ntouzon, @zalete, @ebenach, @mariagv, @alorza@ncampos, @lepetitmusee, @sebasmuriel, @mmeida, @juanluzanchez, @antonimanchado y a  @pedro_anton, todas ellas con muchas cosas que aportar sobre todo esto de internet, transparencia en el gobierno, participación, política y democracia, como pueden comprobar en sus blogs.  De los que no he desvirtualizado, porque ya les conocía, no les hablo. A casi todos les pueden encontrar ustedes en Las Ideas. Sólo haré mención a @mernissi y a @reyesmontiel, pues porque me lo he pasado muy bien con ellas, y al anfitrión, el alcalde 2.o de Candelaria, don José Sindo, un tipo muy raro que insiste todo el rato en que en Candelaria no se admiten rublos, lo cual es sin duda suicida para la economía local, y que me ha caido muy bien aunque no ha sido técnicamente desvirtualizado, porque realmente no le conocía antes.

Sobre el meollo del asunto, otro día les escribiré algo, aunque no puedo evitar decirles aquí que la mesa redonda en la que participé -sobre política 2.0- me dejo un cierto sabor agridulce, ya que desde el público salió a relucir esa especie de desconfianza que tienen algunos -ocultos en sus torres de marfil, sin separar la basura, cobrando en B y mirando para otro lado cuando se les pide algún compromiso político- hacia todo lo que proviene de eso que llaman la clase política, como si los políticos no fueran una mera representación de la ciudadanía con todas sus miserias y valores. Desde posiciones extremadamente frikis se acusaba a los miembros de la mesa de escaso compromiso con las nuevas tecnologías y de acudir a hacer proselitismo y a intentar darles lecciones a ellos (y ellas) que tanto saben sobre todo. Me molestó, me molestó bastante, para qué lo vamos a negar. Aunque después tuve ocasión de escuchar a Sebastián Lorenzo, y se me quitó la mala leche en seguida. Eso sí,  hubo que aguantar -dentro de la sala, porque yo estaba dentro- a los ciudadanos ejemplares tuiteando que los políticos habíamos echado nuestro rollo y nos habíamos pirado.

Y si yo no soy político, ¿a mí por qué me cabrea todo esto?

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