thementes500

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El que tiene un amigo, tiene un tesoro. Salvo que el amigo que tiene uno sea don César, en cuyo caso, dan ganas de llamar a la policía, por si las moscas. El chaval, con sus cuatro décadas vividas y abundante descendencia, tiene la música entre sus habilidades. Como esto pretende ser una entrada amable, diré que es música lo que hace, aunque ya saben ustedes que yo soy más de don Antonio Machin, doña Concha Piquer y del maestro Chapí. En fin, que lo que yo quería decirles hoy, saliendo un poco del ataque de molicie y vagancia en que estoy sumido, y que no sé cuánto durará, es que mi amigo César tiene un grupo musical que se llama -muy apropiadamente, por cierto- The mentes, y que el otro día, en el coche, cuando me llevaba a no sé dónde -sí lo sé, pero no se lo quiero decir a ustedes, a ver qué se han creído- pues me dijo:

¿Quiéres escuchar nuestra música?

Así, a traición. Y yo, pues no quise resistirme. O mejor, sí quise, pero no me atreví. Total, que me puso el cuplé que les inserto sobre estas líneas y que una vez escuchado decidí que se convirtiera en el himno de éste blog, así que se lo pondré a ustedes de vez en cuando.

El caso es que, en justa contraprestación por la apropiación del cuplé de referencia -del que espero adaptación a ritmo y cadencia más marcial y solemne, como corresponde a un himno- don César me pidió que informase a mi docta parroquia acerca de la existencia de su grupo musical y de sus próximas apariciones en público. Así que aquí estoy cumpliendo como mi cometido. El cree que les informo, pero yo en realidad lo que hago es advertirles, porque el que avisa no es traidor.

Asín que ahí queda eso. Si quieren tener más información sobre The mentes y sus cosas, pueden buscarla aquí.

Venga... meta ruido por ahí



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