Una de las expresiones más inteligentes que sonaron ayer en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, hiperpoblado con ocasión del debate sobre el estado de la nación por padres y madres de la patria, la pronunció sorprendentemente don Mariano Rajoy, cuando acusó al pobre presidente del Gobierno de que el fin de la desgravaciones por compra de vivienda era equivalente a “apalear a las clases medias“. No me sorprendió el hecho de que don Mariano saliera en defensa del despreciable estrato social que se conoce como “clases medias”, sino la expresión en sí, que me parece maravillosa y acertadísima: hay que apalear a las clases medias, hay que zurrarles bien la badana para ver si se descomponen, salen del sueño dogmático, y podemos continuar de una puta vez el camino de la historia, que quedó en suspenso cuando Margaret Tatcher inventó el capitalismo popular.

Lo que para la clase obrera fue la conciencia de clase, para las clases medias les une la conciencia de acomodamiento, que es una conciencia falsa. Ser de clase media no es algo objetivo sino subjetivo: estoy satisfecho con mi vida, o creo que lo estoy, llevo a mis hijos a un colegio concertado, donde no hay chinos, ni moros, ni negros, salvo que sean hijos de un diplomático; en lugar de hacer cola en el ambulatorio del Insalud, la hago en la consulta de un médico de los de la mutua, que siempre están en Juan Bravo o Príncipe de Vergara; respiro aliviado por la eliminación del impuesto de sucesiones -aunque vaya a heredar una vez en mi vida un piso hipotecado compartido con mis hermanos, por el que en cualquier caso, no iba a pagar impuestos- y por el de patrimonio -cuyo impreso no sé ni rellenar, porque mi patrimonio se reduce a un coche y un piso compartido con mi señora y el BBVA- y voto al PP o al PSOE. Soy de clase media, y estoy muy satisfecho con ello ¿qué más quiero? Si hasta tengo un chaletito en la playa y una semana al año me voy de viaje al Caribe.

Pues a todos estos, hay que zurrarles bien la badana, a ver si salen del espejismo, porque como les toque la china, les despiden, y se van al paro igual que a los de clase baja, y tendrán que visitar la oficina del INEM, con lo humillante que es eso; y el banco, aquel que les hacía la pelota cuando había que firmar la hipoteca y les regaló un iPod y cuatro vajillas con bajoplatos de alpaca, ahora les va a embargar el piso igual que a los de clase baja, y tendrán que dejar de pagar a la mutua, y a lo mejor no les  da el paro para pagar todos esos “pluses voluntarios” que piden las monjitas del concertado, donde guardan a sus nenes de los panchitos, y tengan que empezar a pensar en el instituto…

Que no hay clases medias, que ha sido un espejismo, y que hay que volver a poner los pies en el suelo.

Venga... meta ruido por ahí



Tagged with →