La Comunidad de Madrid puede volver a ser un lugar habitable, un lugar en el que ciudades de 70.000 habitantes no tengan que apañarse con un sólo ginecólogo, un lugar en el que no se cambien parques y polideportivos públicos por campos de golf, ni los grandes hospitales estén gestionados por multinacionales de negociantes; un lugar en el que no se desprecie a la ciudadanía, en el que los colegios públicos no se regalen a sectas ultracatólicas, y en el que el agua sea un recurso de todos en manos de todos; un lugar en el que el parlamento autonómico no esté secuestrado por la caprichosa voluntad de su presidenta,  y en el que la televisión pública no sea objeto de estudio en las facultades de periodismo por sus prácticas manipuladoras. En otras palabras: lo que antes nos parecía una quimera, puede empezar a parecernos real: que Esperanza Aguirre y el PP estén perdiendo de manera significativa apoyo electoral en la Comunidad de Madrid. Los espías, las tramas de corrución y el desmantelamiento del estado del bienestar parece que empiezan a pasar factura a la reinona de todos los liberales.

Tenemos dos años por delante para hacer las cosas bien en Madrid. Hay que explicar a la gente lo que está ocurriendo, hay que explicar nuestras propuestas y nuestras alternativas, y hay que convencer al personal de que es posible cambiar las cosas en Madrid. Porque si antes era una quimera, ahora, Esperanza Aguirre y su trouppe de espías i negociantes empiezan a verle las orejas al lobo.

Por cierto, que como nos avisa don Félix, El País omite hoy deliberadamente la subida de la izquierda en las encuestas.

Venga... meta ruido por ahí



Tagged with →