mitxeleneaPor don Mitxel

A las siete de la mañana del pasado 18 de abril, Jon Anza se despedía de su compañera en la estación de la SNCF de Bayona, donde cogía un tren que horas más tarde debería haberle dejado en Toulouse, populosa capital del Alto Garona francés donde le esperaban “unos amigos”.

Jon Anza es -quizás habría que decir “era”- un donostiarra residente en el País Vasco bajo soberanía gala -lo que aquí llamamos Iparralde o Euskadi norte porque no tenemos ni puta idea de geografía-, domicilio que había elegido tras pasarse veinte años en prisiones españolas por su militancia en ETA.

Y subrayo la contradicción de la mencionada izquierda abertzale -que no es Aralar, ya quisieran ellos- para meterme a saco con la que es mi organización, ya saben, los curillas de Ezker Batua (¡vuelve Madrazo!) y sus obispos de Izquierda Unida. Porque, al parecer, y como al común de los cristianos, don Jon Anza, expresidiario muy poco arrepentido -vamos, un etarra reincidente del copón bendito- no es merecedor de un momento de atención, por mucho que cantemos bajo la lluvia en un asfalto ya bien regado de guerra sucia durante lo últimos cuarenta años.

Y no es aquí cuestión de afirmar taxativamente nada y que nos cierren el blog (no pido tanto), sino de tener el suficiente sentido común para haber pedido ya la comparecencia del ministro Rubalcaba y de su homólogo vasco, don Rodolfo Ares, en el Congreso de los diputados y en el Parlamento violentado vasco respectivamente.

Y no sólo para preguntarles por el caso en cuestión, sino sobre todo para recriminarles que si en verdad no saben nada, ¿cómo coño es que ambos han salido a la palestra para decir que las sospechas y afirmaciones de los amigos y allegados de la víctima -sí, sí, incluida ETA, ya ven como invalida esto mis argumentos- no son ciertas? ¿Saben o no saben?

Porque el señor Rubalcaba, más allá de su verborrea pedorreica y de sus persecuciones a peligrosísimos magrebíes con ínfulas de trabajar por el bocadillo, ¿va a hacer algo en concreto para aclarar la desaparición de un ciudadano etarra pero de nacionalidad española, que también manda cojones? ¿Sabía el señor Rubalcaba que este ciudadano, perfectamente empadronado y localizado en un bello y bucólico pueblo francés, había vuelto a ETA? ¿Sabía que el día de autos tenía una cita con otros miembros de su organización?

¿Y es que el señor Rodolfo Ares, flamantísimo consejero del Interior del ejecutivo ex-autónomo vasco, estaba obligado a decir esta boca es mía, es decir, que a los tres días de acceder al puesto ya estaba al cabo de la calle de lo que los señores Zapatero y Sarkozy pactan o, dicho de otro modo, ya ha sido informado de en qué consiste exactamente la recurrente coletilla de “intensificar la colaboración antiterrorista” entra ambos Estados con la que se saldan todas las cumbres antiterroristas que se precien?

Porque yo, que suelo estar al loro de estas cuestiones, no sé en qué pueden intensificar más dicha colaboración, a no ser que         -efectivamente- el señor Anza no se haya desvanecido en la naturaleza -que dirían los franceses-, sino que tras ser secuestrado e interrogado bajo tormento, haya sido asesinado y su cuerpo hecho desaparecer. Y todo ello -si se confirman las sospechas de guerra sucia- bajo la atenta mirada del esposo de doña Carla Bruni, del que apuesto galletas contra dólares a que puso a sus gendarmes a la suficiente distancia para que no les tocara una sola salpicadura de sangre de la encía del desaparecido.

Les confieso que con esto de la crisis no tengo ni repajolera idea de a cómo se cotiza ahora mismo el kilo de cal viva. Pero lo que sí les digo es que esto es vergonzoso. No me refiero al posible asesinato y/o desaparición de un ser humano entre millones de certeros asesinatos de seres humanos, sino al pasotismo general y europeísta que finalmente alienta que estos hechos sigan ocurriendo, mientras  garantiza que sus posibles responsables continúen cobrando un sueldo del Estado, cuando no accediendo a las más altas dignidades del mismo. Impunidad por doquier, oigánme, impunidad, en eso consiste el problema del estado constitucional de derecho del patatín patatán.

Y sí, como todo esto puede parecerles muy radical por mi parte, voy a citar al PSOE tras los atentados del 11-M : “ETA mata, pero no miente”.

Desde luego, yo nunca me atrevería a decir tanto, no por miedo, que también, sino porque hace años que no me fío de ETA, al contrario que Zapatero y su Reichführer.

Pero ustedes no hagan caso, que es lo que piensan hacer.

Ale, a pegar carteles virtuales, que un eurodiputado siempre es una pasta.

Venga... meta ruido por ahí



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