¡Hoy me he emocionado mucho! ¡Mis ojos, habitualmente esquivos a las lágrimas desde que Mary, la pobre hermana de Laura Ingals se quedó cieguecita, han vuelto a llorar! Ni Dallas, ni Falcon Crest, ni mucho menos Barrio Sesamo, me han provocado posteriormente tal reacción, pero esta mañana no he podido contenerme y me he puesto a llorar en plena calle como un niño, embargado por la emoción, ante la bonita muestra de amistad de la que he tenido noticia, y claro, enseguida me ha venido a la cabeza -como les hubiera ocurrido a ustedes, supongo- La marcha de la amistad de Los Gavilanes, que es la pieza musical que he elegido para compartir con ustedes esta bella, intensa e inesperada -bueno, inesperada, no mucho, la verdad- emoción matutina.

Quiero dedicársela a Esperanza Aguirre, cuya lejanía ideológica no me impide apreciar su bella muestra de amistad y desinterés.

Venga... meta ruido por ahí



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