A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Realidad incontestable: cuando Francia y Holanda dijeron NO al Tratado Constitucional Europeo de Giscard, las élites se citaron en Lisboa. Realidad incontestable: allí reunidas las élites, se sacaron de la manga un nuevo tratado (refrito del anterior) con el que superar la innegable parálisis a la que la UE estaba sometida. Realidad incontestable: en aquella segunda ocasión, la élite gobernante francesa decidió que no podían arriesgarse de nuevo y prescindieron del voto popular, así que se limitaron al trámite parlamentario del nuevo texto, que obviamente fue aprobado. Realidad incontestable: Pocos esperaban que, entonces, Irlanda sumiera en una nueva parálisis a la UE tras su NO a este nuevo tratado, pues en aquel país, por ley, estaban obligados a convocar un referéndum. Realidad incontestable: a día de hoy, en el seno de la UE aumentan las voces que demandan un nuevo referéndum (o tantos como sean necesarios) en Irlanda a la busca del SÍ. Realidad incontestable: Europa se construye de espaldas a sus ciudadanos. Realidad incontestable: la UE no puede ser considerada en modo alguno como un ente democrático.

Desde La Habana me preguntan: ¿qué panorama nos dibujas ante el referéndum del próximo Domingo día 7 de Junio? Mi respuesta, consciente de que muchos se quedarán en sus casas, inconscientemente conscientes o intuyendo la nula importancia de su voto, es que, desde un punto de vista prerrefrendario, tan sólo los partidos políticos que aglutinan intenciones antisistémicas merecen respeto y consideración. Los partidos tradicionales o con representación parlamentaria no tienen nada que aportar. Son peones de un sistema totalitario, un sistema encaminado a jugar al despiste, un sistema creado o formado para vender una mentira con la ayuda de elementos mercadotécnicos, elementos esencialistas y/o elementos que persiguen la expansión del miedo, gracias a una campaña electoral fundamentada en la destrucción, el inmovilismo y un vacío neuronal que causaría vergüenza a sus protagonistas si tuviesen un pequeño diferencial de dignidad.

Así pues, el Domingo, hordas de ciudadanos hipnotizados, políticamente cadáveres o en poco menos que un estado de participación social y política vegetativo, volverán a votar por los partidos que todos conocemos y, hordas más numerosas, se quedarán en sus casas, patéticamente orgullosos de su altura ética o de su tozudería de bajura, regodeados en su decisión de apariencia antisistémica pero de palmaria condición alienante, vaya, carne de cañón prosistémica (aunque no lo quieran o no lo sepan, pero su abstención alimenta al monstruo) consagrada a un más que evidente y absoluto sometimiento mental a las élites, sometimiento casi equiparable al de esos que, con su voto, darán de comer a las mismas y ayudarán a perpetuarlas.

Venga... meta ruido por ahí



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