mitxeleneaPor don Mitxel

No voy a hacer hoy una primera valoración del desgobierno de don Patxi López tras el golpe de Estado en Euskadi que, por cierto, es lo más parecido a un Estado que hemos tenido los vascos en los últimos dos siglos. Y no lo voy a hacer porque me piden cien días de cortesía los mismos que tiempo tendrán de morder el polvo de la cruda realidad a la que nos enfrenta el desgobierno de éste que quiere que le llamemos lehendakari, pero que en lugar de hacer jurar los fueros vascos al Rey – como sería menester si no fuera persona iletrada-, se arrodilla ante el Borbón, vaya usted a saber con qué aviesas intenciones.

Quería recordar hoy, especialmente a los de la caterva, que ahora son los no nacionalistas españoles quienes desgobiernan Euskadi, es decir, que ya han dejado la oposición donde el Pueblo soberano siempre les ha querido ver, a falta de no saber bien qué hacer con ustedes. Han dejado la oposición con trampas y asonada, pero la han dejado, en lo que sin duda constituye la segunda gran victoria hispana tras la batalla de Peregil.

Por eso sería bueno, y hasta conveniente, que se dejen de sus mitos no nacionalistas españoles en relación a Euskadi, como ése según el cual la Ertzaintza estaría instruida para no detener comandos de ETA y, si se tercia, levantarles las multas del coche-bomba, que como ustedes saben lo aparcan en cualquier lado.

El sindicato Manos Limpias, y no sé si entrecomillar lo de sindicato o lo de limpias, se ha hecho eco judicialmente, como no podía ser de otra forma en la patria de la Santa Inquisición, de unas informaciones que pondrían al señor Javier Balza, ex consejero del Interior del auténtico Gobierno vasco, prácticamente en la cúpula de los colaboradores de ETA.

Pienso, mientras escupo estas líneas, lo rara que es la vida para verme enfrentado hoy (y a mi edad) a defender al que fuera ministro vasco de la policía antes autonómica vasca. Intento convencerme que la defensa que realizo no es sino el justo pago por aquél orujo de hierbas con que se me descolgó en el Hotel Londres de San Sebastián, pero en realidad, en lo más profundo de mí, sé que lo hago por otro motivo: para hacerle justicia a un señor que desde esa tontorrona democracia social-cristiana que representa el PNV, es un buen tipo. Es tan buen tipo que nunca permitiría que a quienes tanta baba arrojan sobre él les rayasen siquiera el coche. Buenos estaban éstos si el consejero del ramo fuese yo…

Porque cualquiera que conozca a Balza sabe que si en público reniega, condena y aborrece de ETA, en privado simplemente dice lo que de verdad piensa: que hay que ser muy jodeputa para matar a un ser humano, ya sea por la autodeterminación o por las 35 horas.

En fin, no tengo su permiso para comentar lo que oí de sus labios aquella tarde de orujo en el Londres, ni siquiera estoy dispuesto a contarles lo de los doscientos y pico chavales a los que se había perdido el rastro desde que los sabios leguleyos españoles decidieron equiparar la quema de un cajero automático al asesinato de un semejante.

Sólo quería comentarles que me alegro mucho de que el ministro Rubalcaba (al que hoy, excepcionalmente no voy a llamar Reichführer) nos haya sorprendido diciendo que, efectivamente, el señor Balza está bastante por encima de tanta ignominia.

Pero lo que de verdad me gustaría es tener la plena seguridad de que dicho ministro, su gobierno y su partido, nada tienen que ver en dicha denuncia ni en la posterior querella del afamado sindicato, que me imagino se financiará con las cuotas de sus cientos de miles de militantes.

Les decía, porque me pierdo, que a mí  me encantaría que lo que dice Rubalcaba de Balza es sincero, y que por lo tanto nada tiene que ver con lo que se hacía en aquellos tiempos en los que el gobierno del PSOE era el primero en condenar los GAL mientras preparaban el siguiente atentado.

Informa, es decir, asegura también Rubalcaba que al señor Jon Anza le ha limpiado el forro la propia ETA, o al menos que andan en ello, porque se habría fugado con las pelas de la “orga”, y que por eso la familia (esto lo digo yo) anda buscándole, para que lo rematen con la pasión que merece el caso.

A mí, que tengo el convencimiento íntimo de que el señor Anza es fiambre desde hace un par de meses, pues también me gustaría creer al ministro. Pero no llego, aunque tampoco me atreva a desmentirle de forma rotunda. Porque, puestos a elegir, no sólo prefiero un buen polvo a un rapapolvo que diría Joan Manuel, sino que con la edad me hago persona de orden, y me molesta sobremanera la sola posibilidad de que los asesinos no maten y, en su lugar, lo hagan quienes debieran evitar el crimen.

Les confieso que tengo mis dudas. No sé sin son razonables o es que me han empezado a pasar factura estos no cien días de desgobierno del autoproclamado lehendakari, que este jueves asalta el último bastión, la Euskal Irrati Telebista, la Radio y Televisión públicas vascas, ya saben, esa casa llena de apologetas de ETA que en el colmo de los colmos hacen debates electorales a seis en lugar de a dos.

En fin, nada más por hoy. Espero que los que estén en desacuerdo se hayan sentido lo suficientemente agredidos.

Peace and flowers, cobardes.

Venga... meta ruido por ahí



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