Sin ánimo de provocar, sin ironía alguna y siendo lo más serio que sé ser, que no es demasiado, aquí les dejo a ustedes unas aclaraciones acerca de mi posición sobre Cuba, al calor de la entrada de ayer, que viene a complementar otras entradas dedicadas al asunto: sobre la lamentable posición de IU ante la dictadura cubana, y sobre la propia revolución cubana. Y para ilustrar,  el nunca suficientemente bien valorado artículo 5 de la Constitución Cubana, que alguien ha sacado a la luz con la curiosa intención de defender el carácter democrático del régimen comunista de Cuba.

El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista?

2.- Lo anterior significa que al menos hay una razón por la que calificar a Cuba de dictadura: la falta de pluralidad política más absoluta. No es que se haya ilegalizado a un partido que puede recurrir la decisión, e incluso ganarle el pleito al Gobierno, como hemos visto recientemente, y cuyos militantes pueden quemar autobuses alegremente por las calles e incluso matar guardias. No. Lo que se ha hecho es prohibir a todos los partidos políticos, de manera general, impedir sus actividades y autorizar sólo la actividad de uno de ellos, que casualmente es el comunista, que se constituye en “vanguardia organizada de la nación“.

3.- Hasta aquí, Cuba es una dictadura como otra cualquiera, incluso con unos niveles de represión bastante menores que los conocidos en muchas otras dictaduras que ha habido en el continente americano. Pero hay otra cosa en el tan citado artículo de la Constitución Cubana  que la convierte además en una dictadura de carácter totalitario: es incapaz de concebir la posibilidad de otro sistema que el comunismo. Las dictaduras de derechas suelen entenderse a sí mismas suspensiones provisonales de la legalidad democrática durante las cuales se desata una atroz represión, en ocasiones especialmente sangrienta y salvaje, como fue el caso de la de Chile, pero siempre asume que, una vez resuelto el problema planteado, se restaura la legalidad democrática.

La dictadura cubana, en cambio, no considera otra posibilidad que la sociedad comunista, sea eso lo que sea, que nadie lo sabe, y que la dirección de la nación hasta llegar a ese momento en que tiempo y espacio se funden en un estado catatónico de felicidad plena y obligatoria, corresponde al Partido Comunista. Eso se llama totalitarismo, y por más que formalmente haya procesos electorales en los cuales se elijan candidatos y cargos, no se pueden considerar como democráticamente válidos si esos candidatos no pueden rpesentar un programa que prevea una sociedad diferente a la comunista, que tiene entre sus fines la “vanguardia organizada de la nación“.

3.-La existencia de la pena de muerte convierte además al régimen cubano en un régimen despreciable. Soy consciente de que se trata de un razonamiento muy subjetivo, pero considero me parece una verdad elemental que la democracia y la pena muerte, al margen de cualquier otra cosideración, son realidades incompativles, ya que la pena de muerte niega radicalmente algo esencial en cualquier procedimiento judicial democrático como son las garantías. Si no hay posibilidad de corregir el error e indemnizar quien lo ha sufrido -y no lo hay cuando el reo ha sido fusilado, electrocutado o inyectado con letal ponzoña- la prncipal garatía del proceso ha desaparecido. Sólo ya por esto, al margen de cualquier otra cosideración, Cuba, como el resto de los regímenes que mantienen la pena de muerte, es un régimen despreciable.

4.- Que Estados Unidos mantenga la pena de muerte, no convierte en democrática a Cuba; que el Colombia manden los caciques, no convierte en democrática a Cuba; que los etarras denuncien torturas cada vez que no consiguen asesinar a un guardia, no convierte en democrática a Cuba, y así sucesivamente.

He dicho.