A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

La semana pasada nuestro anfitrión, Don Ricardo, dio pábulo a una impresentable entrevista de César Calderón a Yoani Sánchez realizada, para orgullo del valeroso entrevistador, en la peligrosa capital cubana, controlada por temibles agentes del no menos temible régimen castrista que oprime sin compasión a su pueblo desde hace 50 años y que no muestra fisuras en su frenética persecución de las voces disidentes o simplemente críticas. El adjetivo inicial no es gratuito: la entrevista es impresentable; simpática y hasta cierto punto dicharachera, pero genuinamente impresentable. Y tramposa. Este escrito no es más que la elevación a entrada de un comentario que elaboré como respuesta o reacción a dicha entrevista, porque hay cosas que deben ser dichas y realzadas cuando lo impresentable pretende metamorfosearse en denuncia.

Las autoridades cubanas saben perfectamente que esta bloguera menuda, dulce y de sonrisa permanente habla claro y dice lo que piensa;  y por eso tratan constantemente de dificultar su actividad como bloguera tratando de intimidarla a ella y a su entorno familiar, dedicándole incluso algunos artículos despreciables en los medios de comunicación del régimen con descabelladas  acusaciones.

Más allá de la sonrojante y sospechosa empatía que el entrevistador demuestra por la entrevistada, quisiera destacar un aspecto de este párrafo. En él nos dice algo que podría ser dicho en España, esto es, sobre la persecución o la presión sufrida por ciertos medios de comunicación. De modo que tenemos a una bloguera cubana intimidada que se pasea por La Habana, una bloguera a la que, a pesar de todo lo que dicen los que la defienden y vitorean, nadie arresta, una bloguera que aparentemente dice lo que piensa, una bloguera a la que, según se dice, no dejan respirar. En la presuntuosa “democracia” española hemos asistido al cierre o al secuestro de varios medios sin mayor motivo que su filiación ideológica o tontorronas e inofensivas críticas al jefe del Estado, que no se llama Fidel ni Raúl, sino que responde al nombre de Juan Carlos. Hagan memoria.

César Calderón tiene muy claro que en Cuba no hay medios críticos, como si en España proliferasen los medios críticos con el sistema capitalista o medios realmente independientes de los poderes económicos que los sustentan. Y si aquí hay medios críticos con el sistema, que son únicamente medios alternativos o minoritarios, ¿por qué no emplear la misma lógica con medios como “Generación Y” u otros muchos cubanos, claramente críticos con el sistema comunista? ¿Acaso César Calderón considera que El País, por ejemplo, es un medio crítico? ¿Qué crítica se le pide a los medios cubanos “oficiales”? ¿El mismo tipo de crítica que blogueros como César Calderón deponen impunemente en sus entrevistas-trampa?

Analicemos la principal crítica formulada por el entrevistador y eje de su conversación con la bloguera cubana:

La conversación comenzó a fluir sobre las dificultades que tienen los blogueros cubanos para poder publicar sus bitácoras, a modo de ejemplo les diré que los altos precios de la conexión y los filtros políticos hacen que tengan que escribir sus textos, dos o tres posts seguidos y despues de eso buscar alguna conexión en un hotel para publicarlo, cosa cada vez más complicada por la presión del régimen por lo que muchos de ellos están optando por realizar “tiros rápidos” de sus posts a través de correo electrónico a amigos en el extranjero para que ellos puedan publicarlos. Incluso en ocasiones han tenido que tirar del “sms”. ¿Se imaginan no tener acceso a ver su propio blog y tener que confiar la publicacion de los articulos y la moderacion de comentarios a amigos? Pues eso es lo que sucede.

No es el momento de glosar el evidente analfabetismo político-social respecto a Cuba que supuran las palabras de César Calderón. Fíjense sólo en la vil maniobra empleada, digna de Falsimedia, que podríamos denominar maniobra del “céntrate en la anécdota para que no comprendas su causa“. Alguien debería decirle a este señor, y para eso estamos aquí, que el ancho de banda en la isla caribeña es de 124 Mb/seg en bajada de satélite y de 65 Mb/seg en subida. ¿Han leído atentamente? Ba-ja-da de sa-té-li-te. Ni cable ni leches, y eso gracias a los EEUU y su famoso bloqueo. ¿O alguien piensa que internet lo suministra el cielo? Precisamente son los EEUU los que determinan el ancho de banda que puede contratar la isla, y las cifras para Cuba son ridículas. Como nos cuenta Pascual Serrano en el libro que recomendé en mi anterior entrada, cualquier hotel que no esté en Cuba tiene un ancho de banda superior al de toda la isla y, por si fuera poco, el precio que paga Cuba por cada megabyte es cuatro veces más caro que el que paga cualquier otro país. Ya lo dije el otro día: busquen una explicación a esta sinrazón en la Ley Torricelli de 1992. Pero hay más, porque OpenNet Initiative, organismo respaldado por las universidades de Oxford, Harvard, Cambridge y Toronto, elabora un ranking de países que censuran en la red donde Cuba ocupa el vigésimo lugar, por detrás de países tan democráticos como Francia, EEUU o el Reino Unido (1). ¿Por qué tantos ciudadanos occidentales se esfuerzan afanosamente por denunciar aspectos de la realidad cubana que, curiosamente, sufren en sus propios países? ¿Hipocresía? ¿Fanatismo o ceguera ideológica? ¿Incapacidad cognitiva?

Desde La Habana me preguntan si esto va a servir para frenar la basura sobre Cuba. Mi respuesta es que no. Nos enfrentamos a la misma historia de siempre: un pequeño país caribeño que quiere seguir su propio camino, repleto de contradicciones, como cualquier país que se quieran imaginar, y no menos repleto de ejemplos de humanidad hacia los demás, como casi ningún país del mundo. Ahora bien, el problema no nace de la discusión sobre las maldades o las bondades de Cuba, sino del hipócrita interés occidental por demonizar a una revolución que admira y respeta buena parte de la humanidad pero que, obviamente, es un peligrosísimo ejemplo anticapitalista que no debe contagiarse. Desde mi modesta posición, puedo entender que los medios de comunicación vomiten constantemente su odio por dicha Revolución (les va la pasta en ello), pero me cuesta más entender que un bloguero aparentemente independiente como César Calderón, conocido por su positivo y admirable activismo cibernético, sea capaz de perpetrar y deponer una entrevista-trampa infumable y altamente intoxicadora que tergiversa la realidad, por error u omisión, partiendo de un hecho que es cierto y que nadie puede negar: las dificultades del cubano medio para acceder a la red. Lamento decirlo, pero las críticas que, voluntariamente o no, se realizan ocultando información esencial y fácilmente contrastable, sin atender a razonamientos ajenos opuestos a las mismas, son pura basura y el caso que nos ocupa es un claro ejemplo.

Notas:

(1) Lean este reportaje del diario 20minutos en el que se hicieron eco de dicho ranking.