A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

La mayor basura vertida sobre esa modesta isla caribeña conocida por el nombre de Cuba consiste en dedicarle el calificativo de dictadura. Muchos creen tenerlo claro y lo pregonan a los cuatro vientos cada vez que pueden, y suele ser muy a menudo. Para no pocos ciudadanos de todo el mundo el gobierno cubano es dictatorial y su sistema debe ser calificado como una dictadura. Hasta el mismísimo Hugo Chávez, cuando era candidato presidencial a finales de los años 90, tenía claro que Cuba era una dictadura. Algunos, muy bien educados y prudentes, primero preguntan y después se posicionan. Cualquiera puede acceder a la definición de la RAE en internet, donde sobresale la tercera definición (1), aunque mi opinión es que la cuarta es más apropiada para Cuba (2), porque se puede afirmar que los revolucionarios violaron la legislación anteriormente vigente, los Estatutos Constitucionales de Fulgencio Batista.

El 24 de Febrero de 1976 entró en vigor un nuevo texto constitucional que el pueblo cubano había aprobado en referéndum unos días antes, el 15 de Febrero (3). ¿Se han leído el texto? Supongo que no. Probablemente, fuera de Cuba, muy pocos han leído ese texto legal supremo, y vigente, como he dicho, desde 1976. Lo han adivinado: un servidor se lo ha leído. Permítanme proponerles la lectura de unos pocos fragmentos que me parecen de vital importancia ante un escrito como éste. El artículo 1º deja bien claro que el nuevo texto es socialista:

Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado…

En el artículo 5 nos habla del Partido Comunista, ya saben, el que paga mis emolumentos:

El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista.

Considero imprescindible la lectura del texto constitucional cubano para comprender plenamente el nudo de la reflexión sobre su sistema político, pero me gustaría centrarme en un elemento fundamental, el de las elecciones. Leamos un pequeño fragmento del capítulo XIV, donde nos habla del sistema electoral. Es el artículo 105:

Todos los ciudadanos, con capacidad legal para ello, tienen derecho a intervenir en la dirección del Estado, bien directamente o por intermedio de sus representantes elegidos para integrar los órganos del Poder Popular, y a participar, con este propósito, en la forma prevista en la ley, en elecciones periódicas y referendos populares, que serán de voto libre, igual y secreto. Cada elector tiene derecho a un solo voto. (4)

Críticos de la Revolución o afines a la misma, todos deberíamos saber que en Cuba hay elecciones, destacando las de la Asamblea Nacional, donde son elegidos los cargos más visibles del gobierno, el Consejo de Estado. Para entender este proceso recomiendo la lectura de un excelente y didáctico texto del presidente de esta asamblea, Don Ricardo Alarcón (5). Para los más perezosos o más reacios a la lectura, siempre queda la opción de ver este instructivo vídeo, que en poco más de 3 minutos y medio explica perfectamente aquello que considero fundamental sobre dichas elecciones.

El proceso electoral cubano es ciertamente único y contiene elementos que lo diferencian claramente de procesos como los que se llevan a cabo en la mayoría de países. Personalmente me interesa la ausencia de propaganda, la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos a la hora de presentarse, así como la inexistente injerencia de poderes económicos que puedan corromper al sistema, y el aroma de participación y compromiso de la ciudadanía, lejos de los sistemas representativos de las partidocracias capitalistas en los que todo el bacalao es cortado por los partidos políticos, entes que no participan en las elecciones cubanas. Incluso aceptando que el sistema de partidos políticos sea democrático (cuestión con la que no comulgo), no soy capaz de ver la condición dictatorial del sistema Cubano. Seguro que hay sesudos comentaristas capaces de iluminarme.

Desde La Habana me preguntan si, entonces, considero a Cuba como una democracia. Mi respuesta es que deberíamos fijar una definición para dicha palabra, que podemos volver a leer en la RAE. Si se me permite una odiosa comparación, la primera de las dos definiciones (7) podría ser aplicada al Estado Español sobre el papel y a Cuba sin matices, y la segunda definición (8) no puede ser aplicada al estado español, mientras que es una firme realidad en Cuba. Con este regreso a la RAE, que había considerado como frágil punto de partida mas dudo que deba ser tenida en cuenta como punto de llegada, sólo puedo afirmar con absoluta convicción que el estado cubano es más democrático que el español, preso éste de la realidad capitalista (9), de la propaganda consumista y la publicidad (10), del aprisionamiento mental edificado por los medios de comunicación (11), de la realidad profundamente antidemocrática del entorno supraestatal en el que yace integrado (12) y, por citar sólo una razón más y no por última menos trascendente, preso del falaz e hipócrita espíritu democrático de sus dirigentes (13), espejo de un pueblo del que, me guste o no, formo parte, cuestiones que dejan a la presunta condición dictatorial cubana como un mito antes que como una realidad, lo que no significa que Cuba sea una democracia plenamente consolidada, en buena medida a causa de la permanente, sistemática e incansable política de agresión del imperio estadounidense. Así pues, como simple observador, considero que Cuba es un estado que puede presumir de una democracia perfectible, una democracia permanentemente amenazada pero que resiste con admirable dignidad (16).

Notas:

(1) Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país.

(2) Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente.

(3) Resulta llamativo que algunos sólo recuerden el hundimiento del acorazado Maine, ese mismo día de 1898, lo que me permite advertir sobre una constante de las elecciones y el texto constitucional socialista de 1976: el permanente silenciamiento de los medios de comunicación masivos.

(4) En Cuba no existen partidos clientelistas, subvencionados por el Estado, algún buen banco samaritano o donaciones personales anónimas, son los propios ciudadanos los que desde sus barrios proponen a personas que les merecen su confianza para que les representen en la Asamblea Nacional de Cuba. Leído en Cuba, ¿una dictadura?.

(5) En la página web del Parlamento Cubano, en el espacio titulado “Cuba: democracia y elecciones”, hay un interesantísimo apartado que bajo el título de “Cien preguntas y cien respuestas” aclara muchas dudas (6). Por otro lado, considero sumamente interesante el visionado del diálogo que Ricardo Alarcón mantuvo en su momento con estudiantes de la Universidad de Informática de Cuba, del que algunos medios se sirvieron para intoxicar sobre la Revolución a raíz de las preguntas de un estudiante. Creo que, a pesar de la longitud del vídeo, no deja de ser un memorable documento en el que se aprecia el pulso, distancia o cercanía entre los estudiantes cubanos y sus líderes políticos, sembrando una duda más que evidente sobre la condición dictatorial del gobierno.

(6) En esta página de Telesur aparecen esas 100 preguntas con sus respuestas, por si les da pereza bucear en la página del parlamento.

(7) Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.

(8) Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

(9) Un excelente texto para entender la incompatibilidad entre capitalismo y democracia, de fácil lectura y que ya he recomendado en alguna ocasión en esta misma bitácora, es el libro “Educación para la ciudadanía. Democracia, capitalismo y estado de derecho” de la editorial Akal (1ª parte y 2ª parte), escrito por Carlos y Pedro Fernández Liria y Luis alegre Zahonero.

(10) Recomiendo la lectura del libro del Grupo Marcuse, titulado “De la miseria humana en el medio publicitario. Cómo el mundo se muere por nuestro modo de vida”, de la Ed. Melusina, un ensayo directo y conciso sobre la publicidad, presentado con frases como éstas:

El grupo Marcuse analiza los entresijos del sistema publicitario y denuncia un sistema perverso en donde la publicidad funciona como el carburante ideológico del capitalismo: nos incita a consumir sin medida, ocultándonos las repercusiones de un patrón de conducta suicida.

(11) En relación a la manipulación mediática insisto en esta lectura, que ya recomendé recientemente. Soy consciente de que muchas personas consideran que es precisamente en Cuba donde se produce ese aprisionamiento mental del que hablo, pero hay un razonamiento que nunca son capaces de superar sin insultar a la inteligencia: mientras que en lugares como el estado español está inequívocamente demostrado el papel intoxicador, manipulador y delincuente de los medios de comunicación masivos, en lugares como Cuba las denuncias que hablan de férreo control de los medios (en ocasiones existente y cuya justificación por parte del gobierno, a mi juicio plausible, deriva de las actividades terroristas estadounidenses (14) o, dicho de forma más general, de los innumerables intentos por desestabilizar al país desde fuera) se caen por su propio peso, incapaces de superar el estadio de meras especulaciones o prejuicios que casi nunca son demostrados (15). Piensen por ejemplo en el caso de la bloguera Yoani Sánchez, mascarón de proa de las denuncias de censura que se vierten sobre Cuba y que, curiosamente, escribe, publica (para todo el mundo) y vive de un modo que no cuadra con lo que machaconamente nos cuentan sobre ella.

Al final, basta observar el grado de información y compromiso/conocimiento político de los ciudadanos españoles para concluir que estamos mentalmente desarmados y que, si en algún sitio carecemos mayoritariamente de recursos para comprender la realidad política (buena parte de mis posts ilustran esta cuestión), es en el estado encabezado por un consumado protector de los animales que se hace apellidar Borbón (recuerden que, por derecho sanguíneo, no es tal cosa, de modo que es comprensible que se la soplen los leopardos, los osos y otros mamíferos), de modo que debe entenderse que la presunta censura o el control de origen político en el estado cubano palidece (y considero comprensible, a pesar de lo dicho, que para muchos no esté justificado) al lado del férreo cerrazón de origen político-económico al que están sometidos nuestros medios de comunicación masivos. Vaya, que aun aceptando que en Cuba se produjese un control inaceptable de los medios de comunicación, que deberíamos considerar como un serio problema, terminaría por ser ridículo al lado de la realidad comunicacional española y, podemos extrapolarlo, al lado de la realidad comunicacional capitalista.

(12) Ya hubo tiempo en este espacio de denunciar el clamoroso golpe de estado de Francia en el corazón de esta Europa a todas luces antidemocrática y construida por las élites de espaldas a sus ciudadanos. Ahora se busca un nuevo golpe en Irlanda, cuyos ciudadanos, al parecer, deben ir a votar hasta que su voto coincida con la voluntad de las élites continentales. Baste leer el Tratado (¡y sus anexos!, imprescindibles) para entender los motivos de esa tozudería de las élites por elevarlo a los altares político-judiciales europeos. Tampoco se lo han leído, ¿verdad?

(13) El penúltimo ejemplo que ilustra la podredumbre ético-democrática de nuestros políticos es el de estas declaraciones de Rita Barberá. En un estado mínimamente democrático este tipo de dirigentes, en absoluto minoritarios, no conseguirían completar ni media legislatura.

(14) Leamos un fragmento de ese interesantísimo artículo, por si se les atraganta el navegador en este preciso instante:

“Desde 1959 la Isla ha sido víctima del terrorismo exportado por EE.UU. en forma de sabotajes, invasión armada, amenazas de guerra nuclear, atentados a dirigentes, bloqueo económico, comercial y financiero, así como agresiones políticas, mediáticas, químicas y diplomáticas…

Solo entre octubre de 1960 y abril de 1961 la Agencia Central de Inteligencia (CIA) introdujo en la Ínsula 120 toneladas de explosivos y armas durante 30 misiones aéreas clandestinas y 31 infiltraciones marítimas.

También realizó 110 atentados dinamiteros, colocó 200 bombas, descarriló seis trenes, quemó 150 fábricas y ocasionó 800 incendios en plantaciones agrícolas, ilustran cómputos de hechos reportados.

Hasta 1997, las administraciones norteamericanas de alguna forma patrocinaron cinco mil 780 acciones terroristas contra Cuba, 804 de gran envergadura, incluidos 78 bombardeos contra la población, los cuales dejaron miles de víctimas.

Los atentados terroristas han costado la vida a tres mil 478 cubanos y han dejado inválidos para siempre a dos mil 099 personas.

Es historia pródiga en materia de protección la que las autoridades norteamericanas brindan a terroristas hospedados en el sur de la Florida: dos de ellos, Orlando Bosch Ávila y Luis Posada Carriles, encabezaron el equipo que en octubre de 1976 hizo explotar en pleno vuelo una nave de Cubana de Aviación donde perecieron 73 pasajeros.

La invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos), el 17 de abril de 1961, y los bombardeos sobre territorio isleño que la precedieron, fueron cruentas acciones patrocinadas y ejecutadas por el gobierno norteamericano, las que ocasionaron la muerte de 176 patriotas cubanos, más de 300 heridos y 50 discapacitados.

El sabotaje al barco La Coubre en puerto habanero, a las 3.10 p.m. del día cuatro de marzo de 1960, dejó un centenar de muertos, entre marinos europeos, obreros y soldados cubanos.

En 1997, el terrorismo contra Cuba asumió la modalidad de atentados dinamiteros en centros turísticos, organizados por Posada Carriles y la llamada Fundación Cubano-americana, ambos engendros de la CIA. Como consecuencia de esos actos perdió la vida el joven turista italiano Fabio di Celmo.

¿Cómo ignorar la responsabilidad de las administraciones estadounidenses en los sucesos referidos?

(15) Ahí reside el principal argumento para considerar perfectible a la democracia cubana aunque, como ya he apuntado, sea ésta una cuestión cuya responsabilidad no deriva tanto del gobierno cubano como del estadounidense, estado terrorista de facto, a pesar de Obama. Planteada la credibilidad de unos y otros de modo más primario, ¿acaso tiene más credibilidad la trayectoria terrorista globalizada de los EEUU que la trayectoria humanitaria e internacionalista de Cuba?

(16) Me permito el lujo de concluir con una cita del libro del grupo Marcuse del que ya les he hablado. Me parece muy oportuna en previsión de los habituales comentaristas incapaces de sostener con seriedad sus críticas hacia Cuba, presos de su irracional consumismo anticastrista:

Lo que satisfacemos en el consumismo es cualquier cosa menos nuestros deseos y necesidades, como prueba el sentimiento de vacío, tedio y hastío que padecen tantos contemporáneos nuestros. Además, los más felices suelen ser los que logran inhibirse voluntariamente del consumo, ya que no aspiran sin cesar a tener algo más.