mitxeleneaPor don Mitxel

Los millones y millones de españoles que siguen este blog (bueno, no son tantos millones, pero son muy españoles) saben que don Surco no me permite descalificar de forma objetiva y merecida la labor de don Patxi López como pretendiente a que le llamemos lehendakari. Dice que incluso y a pesar de mí se hace necesaria la cortesía –que al parecer dura la friolera de cien días-, y que lo que en Ezker Batua  tenemos que hacer es ocuparnos de lo que verdaderamente preocupa a los ciudadanos, ya saben, si el mapa del tiempo de la ETB debe de incluir a Navarra, o si debemos estar agradecidos al ejército patrio por hacer cumbre en el monte Gorbea con la rojigualda de la plaza de Colón (a todo esto, sepan que a las  tropas hispanoamericanasdelsur le siguieron las huestes de Urkullu, quienes seguidamente colocaron la bicrucífera sabiniana en gesto de desagravio, lo cual no impidió que, a su vez, un helicópero de la Guardia Civil aterrizase en el lugar, y una avanzadilla de tan benemérito instituto descendiese desde la cumbre al valle pidiendo el carnet de identidad a todo pichichi que se encontraba a su paso. Porque, ¿qué puede llevar un vasco en la mochila? Joder, pues menos a España cualquier cosa…).

Y mi problema con la compañera de don Patxi es que don Surco nunca me ha dicho si puedo o no puedo criticarla en su calidad de lehendakaresa. Por lo tanto, he decidido curarme en salud y darle la voz a los diarios del grupo Vocento, que no se distinguen precisamente por mantener en Euskadi las posturas de don Mitxel, ni respecto al PSE en general ni  respecto a doña Begoña Gil en particular (con la que yo no me permitiría mantener postura alguna por aquello del respeto institucional), ni siquiera con respecto a eso que comúnmente llamamos “verdad de lo que ocurre”.

Por ello, pasamos sin más a extractarles el reportaje, advirtiéndoles que los titulares, sólo los titulares y las notas que firmo entre las cursivas, son míos:

Cambio

…Begoña Gil comprendió el alcance del cambio en Euskadi. Sucedió el domingo pasado mientras cenaba con su marido, Patxi López, en su primera noche en la residencia oficial de Vitoria…  Entre plato y plato, en un rinconcito en la inmensidad de esta casona construida en 1920, lo comenzaron a entender en toda su dimensión. «Ya estamos aquí», se dijeron con «una mirada cómplice». Ellos también empezaban «una nueva etapa» en sus vidas. «Ya estamos aquí, Patxi».

Normalidad

…se congratula (doña Begoña Gil, nota de don Mitxel )de las felicitaciones que recibe por la calle. Especialmente de una. «El otro día una cajera de Zara me dijo mientras compraba una camiseta: ‘Qué normales sois, qué bien parece que lo lleváis’».

Sencillez

El edificio tiene un imponente hall de maderas macizas, pero Begoña Gil recibe en el jardín, rico en especies forestales. Aguarda en un improvisado (improvisado para esta ocasión, nota de don Mitxel) despacho instalado bajo la sombra de unos fantásticos abedules.

Lecturas

…Gil ordena los libros apilados en cajas de cartón tras la mudanza. Prefiere posar con una carpeta de apuntes sobre el próximo congreso de los socialistas vascos, del que es secretaria de procesos electorales, que con un libro de su colección desembalado al azar y de título algo incómodo: Cómo hacerse millonaria.

En fin, yo por mi parte no tengo nada más que añadir.

Pero seguro que ustedes sí, que para eso son los más pejigueros de toda la blogosfera.

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