mitxeleneaPor don Mitxel

Hace unas semanas don Patxi López anunciaba que adelantaba sus vacaciones a fin de volver a tiempo para asistir a las fiestas de las capitales vascas. Y se quedó tan ancho, en la plena seguridad de que nadie le llamaría por su nombre: vago y jeta. Lo dijo, lo ha cumplido y yo me he venido conteniendo por aquello de que no habían pasado los cien días desde que éste señor se cree que es lehendakari de algo.

Volviendo, pues, a don Patxi, que no se haya hecho nada en el terreno del trabajo práctico (esas cosas que son las que de verdad interesan a la ciudadanía, es decir, las mismas que se la sudan al común de los votantes), no quiere decir que no se haya derribado aquello que más molestaba. Porque sin las políticas del PNV siguen en pie, las de Ezker Batua en Vivienda han comenzado a desmontarse con dos medidas principales: la primera, acabar con ese proyecto para que los parados con hipoteca no se vayan a vivir debajo de un puente y, la segunda, posibilitar que las parejitas millonarias puedan acceder a una vivienda protegida que les pagarán los mismos parados que van a quedarse en la puta calle para pasar la gripe A.

Esto en el terreno de lo práctico. Porque si hablamos de lo no importante (es decir, de esas cuestiones por las que lo mismo cualquier ciudadano te suelta una hostia a la hora del vermú, te pone una bomba o te envía a los Geos), las cosas han cambiado, vaya que si han cambiado. Tanto que hasta se parecen a sí mismas. Vivimos una auténtica vuelta al pasado, mi castigado supermirafiori como berlina de moda, una época en la que ya es delito todo, incluso manifestarse pacíficamente para que como mínimo se cumpla la legalidad, vaya, para –por ejemplo- exigir que el gobierno y los jueces (valga la redundancia) tengan la vergüenza de cumplir su propia ley y que los presos (de ETA o de no ETA) se pudran (se dice así, ¿no?) en las prisiones más cercanas a su entorno social y familiar. Por fin han logrado que sea delito llevarles la contraria, cuanto si más respirar fuera de una Constitución, la de 1978, en la que hoy y aquí, con toda la solemnidad que requiere la ocasión, yo me cago.

¿O se piensan ustedes que voy a ser el único sin derecho a defecar en papel tan mojado que ya no vale ni para limpiarse el culo sin pringarse desde la rabadilla hasta el cerebro?

Y volvemos a los viejos tiempos de siempre. Mucha prensa, mucha víctima por aquí y mucha víctima por allí, pero los pikoletos (vecinos míos de Intxaurrondo) quejándose a cara descubierta –a pesar de ETA y de Rubalcaba- de que por no tener no tienen ni inhibidores de frecuencia, mientras que don Patxi sigue de fiesta después de unas duras vacaciones.

Tranquilos, señores guardias, el ministro de la cosa acudirá a sus funerales si se lo permite la agenda, y en la arenga exigirá a todo dios que condene sus respectivos asesinatos, porque no duden que ese ahorro de pelas se está haciendo a costa de sus vidas, mientras que a costa de sus muertes se buscará el rédito político. Lo que se llama un buen negocio.

No es casualidad que ETA pretenda volver a sus orígenes, a matar a miembros de las FSE, y corregidos y aumentados, también a sus familias, a sus niños (¿se puede ser más cabrón?), a quien cojones sea con tal de salir en los periódicos, que la gente se adhiera a la causa o se indigne con tanta vesania y, al final, nadie piense.

Nadie piense, nadie pida explicaciones a nadie, nadie reproche, apele o reclame, nadie sitúe las cosas donde están: un Estado enrocado sobre sí mismo que en nombre de la democracia combate la libertad, y una ETA cada día más asquerosamente criminal, flojita y a la deriva, es cierto, pero con la suficiente capacidad para decirle al gobierno vacilón de ZP que, el día menos pensado, arman una que sólo deje como salida la declaración del estado de guerra total sobre las provincias vascas, que es precisamente lo que busca ETA como paso necesario y previo a la independencia. Así, sin términos medios, autodeterminaciones, planesibarretxes, talantes ni hostias en vinagre.

ETA en la ratonera de Mallorca descojonándose del Rubalgato ¿estaban ustedes pensando en S.M. el Rey?

Pues piense S.A.R. el Príncipe de Asturias en Carrero Blanco. Porque tengo la impresión de que estamos exactamente ahí.

Y, mientras tanto, yo de luto pero sin estómago para condenar junto a tanto pacifista. Y Patxi de fiestas, paseando entre carteles de presos y pancartas de ETA, más numerosas que nunca, tal y como era de esperar tras las últimas bravuconadas gubernamentales.

Que digo yo que mejor sería combatir a la bestia en lugar de excitarla. Pero para eso tendríamos que ser franceses o, como mínimo, catalanes.

Y como testigo de la cruda realidad, nada mejor que sus comentarios.

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