moscu

La Virgen del Pilar y yo, somos así: cuando más se nos necesita, nos piramos. Sí, señoras y señores amigos míos y mías -cualquier día me hago machista patriarcal de nuevo, porque esto de las oes, las aes y las íes es un sinvivir, óiganme- me voy otra vez a Moscú. No lloren, no griten, no rueguen, no se desgarren las vestiduras, ni pronuncien el nombre de Dios en vano; no juren, no se autolesionen, ni lesionen a sus semejantes o a  sus diferentes, porque sus lamentos de nada servirán. Soy consciente de que dejo a la patria sumida en un pozo de lodo y hediondez; soy consciente de que el PSOE y el Gobierno de Zapatero están cargándose la división de poderes y la democracia misma, sé que Pepiño Blanco trama el envenenamiento de nuestros pantanos, como estoy al tanto de que los fiscales a sueldo de la vicepresidenta esa que tenemos y que no nos merecemos, están acabando con nuestras libertades, y sobre todo con las libertades de nuestros amigos, que tanto nos quieren y tantos regalos nos hacen, pero mi voluntad es poderosa, y la llamada de Moscú, más todavía. Mañana parto para la que fuera en tiempos mejores capital del mundo libre en un prekrasniy y galuboy samaliot de la compañía Aeroflot que, Dios mediante, despegará de nuestro querido aeropuerto de Barajas a las 12 horas y 20 minutos del mediodía, y que aterrizará en la capital de la Federación Rusia cinco horas más tarde. Así que aquí se quedan ustedes y el matrecho estado de derecho, y durante unos 20 días tendrán que apañárselas solitos porque yo no voy a estar para defenderles de los ataques miserables del totalitarismo zapaterista.

Es lo que hay. Diviértanse y coman todo lo que puedan, que vienen tiempos de escasez.

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