A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Interesante consulta la de este pasado Domingo en Arenys de Munt. Con una participación del 41% del censo de dicha población, la inmensa mayoría, casi por unanimidad, se mostró favorable a la independencia de Catalunya. Huelga decir que la abstención, de casi el 60%, dobló a la registrada en las últimas elecciones generales, en las que se aproximó al 30%. Desde mi modesto punto de vista sería precipitado, cuando no erróneo, llevar demasiado lejos la interpretación política de los resultados.

No obstante, recordemos que en la misma población, en las Generales de 2008, Convergència i Unió cosechó poco más del 30% de los votos, mientras que Esquerra Republicana de Catalunya se quedó a medio punto del 15%. Esto otorgaba a las fuerzas (a priori) soberanistas el 45% de los votos. El Partido Popular, con algo más del 9%, e Inciativa per Catalunya Verds-Esquerra Unida i Alternativa, con casi el 4.5%, acompañaron a los tres grandes partidos de dicha población, en la que había vencido el Partit dels Socialistes de Catalunya con  algo más del 36% de los votos. La postura del PSC ante esta consulta fue inequívocamente pasiva: debía ser ignorada. La consulta se celebró sin la participación y/o ayuda del consistorio municipal (1). Recordemos, por otro lado, que por mucho menos, se produjo recientemente un golpe de estado en Honduras (2). En Arenys de Munt, tan sólo representantes de Falange Española se personaron para manifestar su rechazo, una postura de suma coherencia dada la condición fascista de dicha organización, a rebufo de lo sucedido en el estado centroamericano.

Preguntarse por la aceptación o el rechazo de los ciudadanos de Catalunya a la independencia de la región en la que viven no pasa de ser pura especulación mientras el derecho de autodeterminación de los pueblos no sea una realidad en el estado español. Lo que los catalanes quieran ser o dejar de ser es algo que no puede superar el estadio de la mera suposición. Lo que realmente considero interesante ante lo sucedido en Arenys podría resumirlo en tres puntos:

1. Parece que, últimamente, preguntar a los ciudadanos se ha convertido en una actividad de cierto riesgo para aquellos que se lo proponen. Que se lo digan a Manuel Celaya. Hay ciertas preguntas que son inadmisibles para los poderosos, para los militares o para los que, ebrios de testosterona, no aceptan que se importune al status quo. Algunos políticos de gran relevancia, con cierto ardor en el estómago, han hablado de totalitarismo al reflexionar sobre lo sucedido en Arenys de Munt y no son pocos los que se revuelven en su profunda indignación ante tamaña ofensa, cegados en sus batallitas partidistas. Vivimos tiempos en los que autodenominarse demócrata es el pan nuestro de cada día, aunque ejercer como tal se considere como algo muy radical. En España no se puede preguntar por este tipo de cosas. Algunos listillos argumentan que no se puede preguntar localmente una cuestión que afecta a todo el conjunto de ciudadanos del estado, pero es que ellos son los primeros en negarse a preguntar a todos. Está bien llamarse demócrata pero es inaceptable ejercer como tal si no conviene a los intereses oligárquicos (3). Insisto: ser demócrata es algo muy radical. Por otro lado, cabría preguntar a los defensores de la independencia de Catalunya, inequívocamente legítima, por su reacción ante un referéndum similar que se celebrase desde dentro. Quiero decir, ¿qué pasaría en los conciliábulos de CIU o ERC si, por ejemplo, los ciudadanos de una determinada región o comarca catalana decidieran unirse a España tras una hipotética independencia de Catalunya? Por tercera vez lo digo: ser demócrata es algo muy radical y en este punto cabe decir que el alcalde de Arenys de Munt es bastante radical, a tenor de las declaraciones sobre este mismo punto en la entrevista enlazada en (1).

2. La pregunta que todo ciudadano del estado español, catalán o no, debería hacerse ante un referéndum como éste es: ¿por qué tantos catalanes desean independizarse de Catalunya? ¿Por qué tantos ciudadanos (y no sólo catalanes) no quieren ser españoles? Si España es tan maravillosa, ¿no sienten curiosidad los españoles de bien ante los deseos de independencia de tantos? El problema, en buena medida, nace de la incapacidad o de la negativa de tantísimos ciudadanos para plantearse seriamente estas preguntas. Sí, hay mucho nacionalismo esencialista, también en Catalunya obviamente, donde podrían plantearse las mismas preguntas en sentido inverso. Cautivo mental de una suerte de destino manifiesto (algo que también es aplicable a muchos independentistas, incido) o simplemente perezoso para pensar más allá de lo que siempre ha masticado, el español medio no entiende lo que ha pasado en Arenys de Munt y teme, si es que ha pensado algo en ello, lo que se avecina por parte de numerosos municipios catalanes que han “amenazado” con seguir el ejemplo. Hay muchos ciudadanos críticos con el estado español que igualmente se muestran incapaces de entender la voluntad independentista de tantos vecinos. El desmembramiento político del estado español apenas forma parte de unas pocas agendas mentales ajenas a la realidad de las nacionalidades comúnmente denominadas históricas. El ciudadano medio, incluidos numerosos independentistas, vive esclavizado por la idea del estado-nación, incapaz de morder más allá de lo que ha masticado desde su más tierna infancia. Unos lo “disfrutan” y otros no, pero la idea, el deseo o la simple asunción o conservación de un estado propio es poco menos que intocable para el ciudadano contemporáneo común.

3. Las siguientes imágenes (por ejemplo ésta, ésta o ésta) muestran a participantes en la concentración falangista que fue autorizada a manifestarse contra la consulta del Domingo en Arenys de Munt. La pregunta es obvia: ¿por qué los falangistas pueden manifestarse y los aberzales en Euskadi no? El mundo al revés o, para entendernos, una de esas tristes realidades que definen al estado español, que persigue sin contemplaciones a unos y tolera a los otros. ¿No es contradictorio que escudándose en el presunto fascismo aberzale, muchos españoles “de bien” ni se inmuten ante la tolerancia frente a los inequívocamente fascistas de Falange? Incluso si ambos fuesen comparables, que en absoluto lo son (baste leer los programas electorales y los manifiestos de sus voceros o representantes políticos), ¿no es obvia la ignominia derivada de tan mayúscula hipocresía? Si fuesen comparables, que no lo son, ¿no es vergonzoso que los fascistas (PP incluido) sigan concurriendo a las elecciones mientras se prohíbe toda representación en las instituciones a los aberzales? Si fuesen comparables, que no lo son, ¿se imaginan un artículo como éste en el mismo periódico dando cobertura a las declaraciones de un miembro de Batasuna o ANV ante cualquiera de sus reclamaciones? Una vez más concluimos con la misma historia de siempre: el fin de la dictadura y el consiguiente proceso de transición se hizo rematadamente mal, ahogado desde su nacimiento en una injusticia histórica, y cuando las cosas se hacen mal… de aquellos polvos, estos lodos.

Desde La Habana me preguntan con cierto morbo: ¿qué hubieses votado en caso de residir en Arenys de Munt? Mi respuesta es que hubiese votado que sí, aunque sabido es que no me considero independentista o no considero al independentismo como una razón de ser sino como una vía de escape coyuntural, como una fuente de oxígeno que por momentos está justificadísima (5), y ante la constatación del estado de las cosas (o de las cosas del Estado) me parece inevitable votar que sí, aunque sólo sea por puro radicalismo democrático (7).

Notas:

(1)   No obstante, considero muy interesante la opinión del alcalde.

(2) Quiero destacar este fragmento del excelente artículo de Ignacio Ramonet:

El Presidente Zelaya no vulneró un sólo artículo de la Constitución. Ni organizó ningún referéndum. Ni deseaba prolongar su mandato que termina el 27 de enero de 2010. Su intención era organizar una consulta, no vinculante (es decir un simple sondeo o una encuesta de opinión), preguntándoles a los ciudadanos: “¿Está usted de acuerdo que, en las elecciones generales de noviembre de 2009, se instale una cuarta urna para decidir sobre la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que emita una nueva Constitución de la República?”. O sea, se trataba de una pregunta sobre la eventualidad de hacer otra pregunta. Ningún artículo de la Constitución de Honduras le prohíbe al Presidente la posibilidad de consultar al pueblo soberano.

Es más, suponiendo que una mayoría de hondureños hubiese contestado positivamente a esa demanda, la “cuarta urna” sólo se hubiese instalado el 29 de noviembre de 2009, día de la elección presidencial, a la cual -en virtud de la Constitución vigente- Manuel Zelaya no puede de ningún modo presentarse.

(3) Es algo muy de moda en Europa donde, por ejemplo, se hará votar de nuevo a los irlandeses porque eligieron la opción equivocada en el referéndum previo, o se reniega del pueblo palestino porque votaron al partido equivocado (4).

(4) ¿Hay algo más antidemocrático e hipócrita que esas declaraciones del Alto Representante para la Política Exterior de la UE, previas a la celebración de unas elecciones? Leámoslas con atención, porque son escandalosas y, en el fondo, muestran lo que subyace tras el telón de fondo de la consulta de Arenys de Munt:

Si Hamas gana las elecciones, será muy difícil que la UE siga apoyando al Gobierno palestino.

(5) Resulta descorazonador constatar una y otra vez la incomprensión y la permanente falta de respeto, ese ninguneo tan concienzudo hacia el independentismo de muchos que dicen considerarse de izquierdas y no nacionalistas (6).

(6) Me permito recordar una obviedad, y es que no es lo mismo nacionalismo que independentismo, y que el primero se comería cualquier rastro de legitimidad del segundo si ambos tratasen de coexistir, justo lo que sucede dentro de partidos de derechas como Convergència Democrática de Catalunya.

(7) Obviamente, habría que ver lo que saldría de un proceso de independencia como éste, si un estado burgués y capitalista o un estado verdaderamente social y democrático, porque no tiene sentido independizarse para repetir esquemas inservibles desde un punto de vista humano. Todo esto lo digo consciente de que un estado español social y democrático es poco menos que impensable. No es que uno catalán tuviera que serlo, pero al no existir, cabe la duda. Si estuviese seguro y convencido, me consideraría independentista sin titubeos, pero cuando buena parte de los independentistas siguen, aceptan o toleran a la derecha nacionalista, elitista y recalcitrante de CIU, la duda es parada obligatoria, y así espero que se entienda mi postura ante el independentismo: dubitativa.

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