A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

El otro día apareció en los medios Josette Sheeran, directora del programa mundial de alimentos de la ONU, para decir que más de mil millones de seres humanos (1 de cada 6) pasan hambre y que tres mil millones (casi 1 de cada 2) padecen problemas de desnutrición. Según comentó, con el 1% de lo que los gobiernos se han gastado para “solucionar” la crisis bastaría para solucionar el problema del hambre en el mundo. Salvo las cifras, que no hace tanto eran de 923 millones de personas, estamos ante un problema conocido, tanto como la solución al mismo, que especifica la cifra necesaria. Vayan y pregunten a los líderes mundiales si están a favor de que buena parte de la humanidad se encuentre tan jodida. Ni uno solo, absolutamente ninguno de ellos se mostrará a favor de semejante ignominia, pero el caso es que no pueden dedicar a la erradicación de la misma el 1% del dinero que se han gastado en el último año en resucitar a los bancos. ¿Por qué no pueden dedicar ese 1% a solucionar uno de los más graves problemas de la humanidad, si es que hay alguno comparable por sus efectos y extensión?

Algunos locos consideran que la culpa es del sistema capitalista, en el que realmente gobiernan los bancos y en el que el poder político está supeditado al poder económico-financiero, de modo que los líderes mundiales, presidentes y primeros ministros, están con las manos atadas, pero creo que eso, que nos conduciría a creer que no hay democracia, debe ser discutido. He pasado todo el fin de semana analizando los números proporcionados por la ONU, contrastándolos con todo tipo de datos, tablas, estudios y ayudándome de eficientes herramientas estadísticas, gracias a un potente equipo informático que gentilmente me ha cedido una universidad privada de gran prestigio, y mi conclusión es que la culpa se puede repartir entre cierto corpúsculo radical y todavía indefinido de mariscadores gallegos (de las rías altas, claro), un minúsculo sector de la comunidad maorí neozelandesa de imprecisa ubicación y una tribu subsahariana de nacionalidad desconocida cuya base de operaciones se sitúa en un lugar todavía no determinado de la frontera que separa la República Democrática del Congo y Ruanda, a tiro de piedra del Lago Victoria. La acción cotidiana conjunta de todos ellos ha favorecido una conjunción astral que paraliza dramáticamente la materialización de ese gasto, de ese dispendio tan necesario.

Desde La Habana me preguntan: ¿qué podemos hacer ahora? Mi respuesta es que quizás debamos hacer caso a los planteamientos de un comité de expertos del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, apoyados por el departamento de Estado y la Central de Inteligencia Estadounidenses, cuyos expertos en cosmología ya habían detectado la citada conjunción astral hace pocas semanas. Tras largas deliberaciones, conscientes de la falta de precisión del diagnóstico, han sugerido a la OTAN que capture y aísle en un campo de concentración afgano a todos y cada uno de los mariscadores del cantábrico, a todas y cada una de las tribus africanas que se mueven entre el paralelo 36 norte y el trópico de capricornio y a todos y cada uno de los polinesios registrados como personas normales, desde Vanuatu hasta Tuvalu, pasando por Tonga y la Isla de Pascua, sin olvidar Nueva Zelanda. De este modo, como el comité ha declarado en rueda de prensa posterior su encuentro:

Se podrá empezar a despejar el camino para acelerar la comprensión de la duda que se cierne sobre el modo de solucionar la cuestión que pesa sobre el origen de la poco especificada hambruna mundial.

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