mitxeleneaPor don Mitxel

Aprovechando el colapso de don Ricardo, que se ahoga en un vaso de agua, me ha dado hoy por hablar más claro que nunca, le pese a quien le pese y nos caiga lo que nos caiga, que tampoco me fío mucho. Sí, voy a reivindicar el buen nombre de José B.G., condenado a dieciocho años de prisión por delitos de terrorismo, con la agravante de que además no hay visos de arrepentimiento, es reincidente y siempre se sintió orgulloso de todos y cada uno de sus actos, a pesar del dolor que ello le supuso a él y a los suyos.

Para que se hagan ustedes una idea de lo que es la justicia española, les referiré que si bien en un principio se le solicitaban catorce años de prisión, el tribunal decidió endosarle los referidos dieciocho ante el insultante orgullo de este terrorista capaz de sacarle los colores a cualquiera de los sinvergüenzas que le juzgaron. Sobre su paso por el cuartelillo ni les voy a hablar –quizás algún día les cuente la anécdota de un guardia civil que lloraba  al recordar las perrerías que le hicieron-, porque algunos de entre ustedes me reclamarían las pruebas que saben que no tengo.

En cualquier caso quería confesarles que José y algunos otros compañeros suyos presiden mi vida, quizás para recordarme de donde vengo, quizás para que nunca pierda de vista que terroristas somos y en terroristas nos convertiremos.

Como a estas alturas de mi confesión ya habrá quien haya descolgado el teléfono para llamar a la Fiscalía  y referir telegráficamente: “ya está, tenemos las pruebas, procedamos”, les adelantaré que José B.G. fue condenado, efectivamente, en 1950 en aplicación del Decreto-Ley de Represión del Bandidaje y Terrorismo de 18 de abril de 1947, ley que incorporó por vez primera esta figura delictiva al código penal y diccionario político español, y que en su tiempo vino a suplir a la denominada Ley de Seguridad del Estado, por la que nuestro ahora terrorista ya había sido condenado con anterioridad en otro consejo de guerra, pues en aquellos tiempos no se andaban con mandangas y llamaban a las cosas por su nombre.

Les confieso que me sigue cautivando el leer ese sumario donde se recuerda que  José B.G. “de cincuenta y ocho años de edad, de estado casado, de oficio labrador, con instrucción, de mala conducta, ejecutoriamente condenado el 13 de noviembre de 1937 por el delito de rebelión a la pena de muerte, posteriormente conmutada, se encuentra en situación de prisión preventiva rigurosa”. Vaya, que José no sólo era un terrorista, sino un terrorista reincidente, y de mala conducta, oigan, eso sí que es un premio y no el Príncipe de Asturias. Un tipo, en definitiva, que incluso cometió el delito tipificado como “rebelión”, es decir, combatir contra los que se alzaron contra la legalidad republicana con el fin declarado de reponer a los Borbones en el trono de España, lo que finalmente lograrían.

¿He dicho “era” un terrorista? No, perdón, es un terrorista, pues mientras Juan Carlos I ocupa (okupa) la jefatura del Estado por decisión de los verdugos de José, el juicio contra este luchador antifascista y antimonárquico nunca ha sido declarado nulo de todo derecho, como nunca fueron anulados los juicios celebrados contra miles y miles de sus compañeros de lucha, entre otras cosas porque ello significaría hablar claro de una puta vez sobre sus verdugos, sobre todos ellos.

Pero, qué diantres, hoy vamos a hacer un ejercicio de Memoria Histórica de verdad, coñas marineras y bromas zapateriles aparte. Nada de reivindicar el nombre de los nuestros como si lo que les ocurrió hubiese sido consecuencia de catástrofes naturales, de accidentes inevitables, de infortunios caprichosos. No, amigos, aquí medió la voluntad humana, aquí hay más nombres y apellidos que el de los reos. Detrás de cada víctima hay unos verdugos, y hoy, señores fascistas de Manos Limpias, les voy a dar los nombres y apellidos de los canallas uniformados que condenaron al bueno de José, los mismos que en Nuremberg hubieran sido enviados a la horca sin mayores miramientos: presidió el tribunal el Teniente Coronel de Infantería Ramón Mucientes Durán, y actuaron como vocales del mismo los capitanes de Caballería Angel Prieto del Agua, Francisco Gómez Esteban y Manuel Senorans Cuadrado, así como el Comandante Jurídico Fernández Suárez de la Dehesa, que figura en el acta como vocal ponente.

Que se pudra por siempre su memoria.

Contigo José ¡Viva la República!

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