Como no he consultado ni comentado estoque les voy a decir  con nadie, que estoy colapsado y no tengo tiempo ni para lavarme los dientes, lo mismo alguno de los míos -hay mucho meapilas entre los míos- se me solivianta y me llama “pato mareao“, pero yo creo que Izquierda Unida debe votar en contra del proyecto de Presupuestos Generales del Estado que ha presentado el Gobierno, y además, no debe sentarse a hablar con el Grupo Socialista sobre el tema, ni siquiera estudiar un eventual apoyo. No es tiempo de tal cosa. Y no es que me haya yo girado a la izquierda, ni nada de eso, es que no estamos en disposición de cambiar el sentido de la reforma fiscal propuesta por el Gobierno, y es un tema trascendental en el que no se puede transigir a cambio de ganancias tan discutibles como puntuales.

Hay que saber cuándo se puede y cuándo no. Y ahora no se puede cambiar -probablemente no podamos ni influir en ella- la política económica y fiscal del gobierno en un sentido social y progresista;  por eso, Izquierda Unida debe mantener una oposición clara, contundente y bien visible a la propuesta de reforma fiscal y a la propuesta de presupuestos en que está encardinada, y que tan bien describe -eso sí, con el toque dramático que le caracteriza y llamando incluso a la huelga general- mi admirado don José Luis Prieto, y tan tramposamente defiende mi igualmente  admirado don José Antonio Donaire, maestros ambos de socialistas y revolucionarios incansables.

Izquierda Unida tiene que oponerse a la reforma fiscal, y hacerlo radicalmente -es decir, apelando a ciertos principios, no a guantazos, ni quemando farolas, que algunos teinen la mano muy larga-, para tener la opción de realizar una propuesta alternativa y -de nuevo- radical que debe incluir algunos ejes esenciales, sin cuyo concurso, se podrán decir muchas cosas de un sistema fiscal, pero no que sea progresista:

1.- Progresividad. Es esencial el principio de que quien más gana, más paga, lo gane como lo gane. La progresividad no ha hecho más que suavizarse en las sucesivas reformas fiscales que han ido haciendo PSOE y PP, y la última trampa contra la progresividad ha sido la de los 400 euros, que tan malo fue introducir la exención linealmente, como los es eliminarla linealmente.

2.- Las rentas del capital que tributan a través del IRPF deben tributar, al menos, lo mismo que las rentas del trabajo. Y de ahí para arriba. Es insultante que el tipo máximo del IRPF seal menos que 48%

3.- Hay que revisar el Impuesto de Sociedades para que no sea un mecanismo con el que ocultar rentas personales.

4.- ¿Por qué nadie discute la desaparición del Impuesto de Sucesiones y Transmisiones? ¿Y el de Patromonio? Es que parece que todos los herederos en este país eran pobres mileuristas a los que el estado quería saquear el piso obrero de sus padres… Que los pisos del barrio de Salamanca, las mansiones de la Castellana y lo shotelitos de Somosaguas también se heredan.

5.- Las SICAVS. No tengo ni idea de cómo ni de qué manera. Pero digo yo que si los liberales pueden suspender las libertades democráticas esenciales en -pongamos por caso- Honduras sin demasiados quebraderos de cabeza ni puzzles ideológicos, pues será que los socialistas españoles podrán plantearse que las supermegaplusvalías quizás deban tributar a algo más que al 1% sin que ello suponga el establecimiento de un sistema soviético.

6.- Lo del IVA, pues no sé, porque de esto yo no entiendo demasiado, como estarán comprobando ustedes. Subir sólo el IVA, que al final es lo que ha ocurrido, no es progresista. Subir el IVA, acompañado de medidas que incrementen la progresividad del IRPF, pues se puede discutir, entre otras cosas, porque puede servir -por ejemplo- para limitar la acción privartizadora de las Comunidades Autónomas, que son las que reciben la mitad del IVA recaudado, por la vía de impedir que ese dinero sirva para apoyar la enseñanza privada camuflada de subvencionada, como ocurre en Madrid, por poner un ejemplo. Ya, ya les veo a ustedes apuntando a mi yugular con sus manuales de economía política y tal, pero es una simple cuestión de voluntad política: hubo voluntad política para reformar el código civil de cara a legalizar el matrimonio homosexual -cosa que a algunos les parecía, y aún se lo parece a muchos, de marcianos (o de maricones, que es peor)- pues puede haberla también para supeditar las transferencias a las comunidades autónomas a que el dinero transferido sólo pueda dedicarse a mejorar lo público…

7.- Perseguir de verdad y con recursos el fraude fiscal.

En fin, que son unas pinceladas de sentido común. No soy economista, ni abogado, ni soy tampoco un pedante liberal de esos que están todo el día dando clase. Soy un pobre periodista que tardó dieciséis largos años en acabar una carrera pensada para que se la sacase el más tonto de cada familia. Pero cuando hablamos de política- y estoy hablando de política- no es preciso ser experto, sino saber lo que que quieres hacer y ser capaz de expresarlo. Y luego, ya que vengan los técnicos a decirte cómo. Y si dicen que no se puede, pues cesan, y vienen otros.

Que volviendo al principio, lo que quiero decir es que cuando Izquierda Unida se presente a las elecciones en el año que sea, no vaya con la pírrica victoria de haber conseguido medio punto aquí o medio punto allá, que no cambia en nada las cosas, ni convierte a los presupuestos en mñas progresistas, sino que pueda presentar una alternativa real, viable, posible y bien explicada a la ciudadanía a los volantazos en política económica y fiscal que está dando José Luis Rodriguez Zapatero en los últimos años, picando aquí y allá, en función de los apoyos necesarios en cada momento.

Pues eso.

Les dejo, que me colapso.

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