La verdad es que mejor habían hecho dejándolo pasar que con este tipo de excusas, pero bueno, son excusas a fin de cuentas, y en cierto modo “petita“, por lo que nos hemos reído de ellos, así que no la podemos calificar de “acusatio manifesta“. Me avisa don Pocholo, uno de nuestros comentaristas más antiguos y menos frecuentes, de que Santiago Cervera, uno de los tres diputados del PP autores de la propuesta de prohibir el uso de las redes sociales a los menores de 14 años, se ha explicado en El Blog de Enrique Dans, y como yo mismo me he reído de su innovadora propuesta en este mismo blog, pues me siento un poco obligado a advertirles, para que puedan conocer sus razones. Al parecer, alguien, no don Santiago, por supuesto, escribió la propuesta, pero él inmediatamente la tachó en rojo. Pero lo que más mola de comentario de don Santiago en El Blog de don Enrique Dans es sin duda, su catálogo de tecnochismes -yo no sé lo que son la mitad de ellos-, un párrafo que abre sin duda el registro literario de una nueva tribu urbana: los ciberpijos.

Me llamas tecnófobo, Dans. Es la primera vez que me pasa. Yo, que uso en el despacho un PC (navego con Chrome) y en casa un Mac (entonces opto por Camino); me empleo con interés en Twitter y Facebook, algo menos en LinkedIn; llevo siempre en el bolsillo un iPhone y una BlackBerry, aunque envidio el Android que usa mi mujer; dispongo de dominios .es y .tel; usaba un Zune hasta que me lo robaron (del mismísimo despacho del Congreso); he hackeado un AppleTV y el wi-fi casero me lo proporciona un Time Capsule; mientras escribo esto escucho Spotify; cuando salgo a correr monitorizo mi performance con un GPS; estoy montando un videoblog, para lo cual ya dispongo de la Sony Webbie; quiero que González Sinde se pire y jamás aceptaré que en España se siga el modelo francés de lucha contra la piratería… En fin, que mi problema –si existe- es el contrario de la tecnofobia. Aunque pensándolo bien, tal vez me lo haga mirar un poco.

Venga... meta ruido por ahí



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