En una columna mucho más elegante y menos faltona que esta que voy a escribir ahora yo poseído por la santa ira, don Ignacio Escolar, que es un caballero, nos recuerda que fue Izquierda Unida, y no  Esquerra Republicana de Catalunya, ni el Bloque Nacionalista Galego, ni Eusko Alkartasuna, ni Nafarroa Bai -mucho más preocupadas por esos fenómenos paranormales que consideran sus naciones que por el fraude fiscal institucionalizado y legalizado- la única fuerza política que votó en el Congreso en contra de las SICAV el mismo día, por cierto, que se aprobaron también -como inmensa cortina de humo quizás, a pesar de su indiscutible carácter progresista y reformista- los matrimonios homosexuales.  IU fue el único partido político que resistió a los dos partidos únicos neoliberales, que imponían, a la mayoría de la población, a la que paga honrada y obligatoriamente sus impuestos, el triunfo de los más ricos.

Los más ricos, ya lo digo yo -y aclaro sin ironía alguna, que lo hago con el mayor de los ánimos de injuriar, calumniar,  insultar, faltar,  ofender y destruir toda buena fama o imagen que se me ponga por delante- son un pequeño grupo de sinvergüenzas que evaden impuestos de manera legal, gracias a los gobiernos pusilánimes y a los legisladores vendepatrias que les facilitan la vía, a través de las sociedades de inversión colectiva, para especular y pagar al fisco exclusivamente el 1 por ciento de sus astronómicos e ilegítimos beneficios. Y creo importante remarcar que este fraude legalizado a Hacienda es posible, exclusivamente, porque los dos partidos únicos neoliberales -PP y PSOE- tienen la voluntad política de que sea así, y cuentan con la complicidad abstencionista -espero, que no quiero ponerme a comprobar lo que votó cada uno de ellos- de los partidos nacionalistas que se dicen de izquierdas, pero que son tan insolidarios con nada que no sea su tribu como si fueran de derechas.

Y es que es, efectivamente, una cuestión de voluntad política, y quizás de soberanía. Dice la Ministra de Hacienda que estamos vendidos ( lo que no dice es que nos han vendido ellos, y a precio de ganga), y que la fiscalidad de los SICAV no se puede tocar porque los capitales son muy rápidos. Por eso digo que quizás sea una cuestión de soberanía: hemos cedido demasiada a una Unión Europea que no tiene mecanismos de control democrático, y que permite que quienes acumulan capitales chantajeen a los gobiernos de los estados miembro. Y es una cuestión de voluntad política por una razón bien sencilla: sólo hace falta voluntad política para cerrar las fronteras a esos capitales, inspeccionar esos fondos de inversión colectiva y confiscar el 48 por ciento de los beneficios. Y mandar parejas de la benemérita a convencer a los resistentes. O al menos para emprender una reforma legislativa en toda la Unión que obligue a los Sicav a pagar como mínimo los mismos impuestos que otras rentas del capital.

Claro, está el tema de la seguridad jurídica. Y yo entiendo que una empresa que tiene empleados y genera realmente riqueza -por muy discutible que pueda ser su política de personal, o la distribución de sus beneficios- apele a la seguridad jurídica para mantener el empleo, pero ¿para qué necesitan los partícipes de los SICAV la seguridad jurídica si no es para especular más a gusto fuera del siempre incómodo ojo del fisco?

Dicho queda, y espero haber ofendido a Susanita.

Venga... meta ruido por ahí



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