A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Mañana es el día elegido para la celebración de un referéndum en Irlanda en el que se volverá a votar por el Tratado de Lisboa, tras el celebrado hace poco más de un año. Recordemos que el Tratado de Lisboa es el refrito de un texto constitucional previo que había sido elaborado en su momento por el equipo supervisado por Giscard d’Estaing y que frenaron franceses y holandeses en sendos referéndums. La construcción europea, según parece, pende de un hilo, y son los irlandeses quienes ahora mismo tienen las tijeras en su mano. Europa se la juega, y ya no digamos Irlanda, o eso es lo que nos han vendido últimamente desde el corazón de una unión de estados que, pase lo que pase este Viernes, puede ser calificada sin tapujos como una dictadura de las élites, de la oligarquía, un engendro antidemocrático en manos de los grandes poderes económicos y financieros. Europa ha sufrido varios golpes de estado durante los últimos años (1) y el episodio irlandés de esta semana no es más que eso, un episodio más. Hablar de democracia en Europa es poco menos que una broma de mal gusto, una tomadura de pelo y un insulto a la inteligencia.

¿Qué procedimientos merece un texto constitucional como dios manda? Al parecer, depende de la realidad política y de la sumisión de la voluntad popular a los intereses de las élites. Permitámonos una comparación. Fijemos nuestra atención durante un momento en algunos países de América Latina como Venezuela, Bolivia o Ecuador. Esos tres estados vivieron durante la última década la llegada de nuevos presidentes que habían prometido, propusieron y, finalmente, vieron cómo se aprobaban nuevos textos constitucionales. ¿Cómo lo llevaron a cabo? El caso venezolano, con Hugo Chávez al frente, resulta paradigmático y lo podríamos resumir del siguiente modo:

1. Elección de Hugo Chávez como presidente venezolano en las elecciones generales (06-12-1998).

2. Chávez convoca un referéndum para una Asamblea Nacional Constituyente (25-04-1999). El pueblo responde afirmativamente.

3. Elecciones para formar la Asamblea Constituyente (25-07-1999), que tarda 6 meses en elaborar una nueva constitución, proceso en el que el pueblo venezolano participa activamente.

4. Referéndum para aprobar la nueva Constitución (15-12-1999). El pueblo dice SÍ a la nueva Constitución Bolivariana.

5. Elecciones generales para elegir un nuevo parlamento y un nuevo presidente conforme a la Constitución recién aprobada (30-07-2000) para relegitimar a todos los cargos que habían sido elegidos conforme al anterior texto constitucional.

En apenas año y medio, Venezuela dio un admirable ejemplo democrático o, al menos, cercano a un ideal verdaderamente democrático… gracias a la ciudadanía.

¿Y en Europa?

1. Las élites políticas europeas, elegidas por los ciudadanos de la Unión (2), designan a dedo a Giscard para que supervise la elaboración de un texto constitucional por parte de un comité de expertos sobre los que el pueblo no puede decir ni mu (2003).

Primera diferencia: el pueblo no puede elegir a los que van a redactar el nuevo texto constitucional. No hay asamblea constituyente. La ciudadanía no puede debatir propuestas para el texto, no puede participar. Lo dicho: es el texto de las élites. En Venezuela, en su momento, se integró decididamente a amplias capas del tejido social, desde asociaciones de todo pelaje hasta los mismos sindicatos, pasando por los distintos colegios profesionales o el ámbito académico.

2. Con el texto en la mano, algunos países inician una serie de referéndums para aprobarlo (3) mientras el resto lo despachan directamente en los parlamentos (4) (2005-2006). Contra pronóstico, en Francia (29-05-2005) y Holanda (01-06-2005) el pueblo dice NO.

Segunda diferencia: en Europa, la opción del NO carece de espacio en los medios, en las tribunas de debate, de modo que sorprende lo sucedido en esos dos países. Durante la campaña, el SÍ se impone abrumadoramente desde todos los frentes políticos y mediáticos, de modo que las voces que defienden el NO apenas gozan de espacio para hacerse oír. En Venezuela sucedió al revés: el grueso de los medios no dejaron de atacar a Chávez, por lo que el NO al nuevo texto constitucional siempre gozó de gran empuje mediático, y a pesar de ello, ganó el SÍ abrumadoramente.

3. Ante el fracaso del flamante texto constitucional, las élites europeas se reúnen en Lisboa (13-12-2007) donde aprueban el nuevo Tratado Constitucional propuesto por la presidencia alemana (19-05-2007). Aprendida la lección franco-holandesa, se “consensua” la aprobación del mismo sin necesidad de convocar referéndums, directamente en los respectivos parlamentos.

Tercera diferencia: en Europa se aprueban textos constitucionales sin el visto bueno del pueblo (1), como de hecho ya vimos en (4).

4. Irlanda, para escarnio de las élites, está obligada por ley a someter el nuevo texto a referéndum. Curiosamente, los irlandeses dicen NO al Tratado de Lisboa y Europa vuelve a “paralizarse”.

5. Pasados unos meses, tras recibir algunas concesiones desde las altas instancias europeas y tras una campaña mediática durísima en la que se ha apelado al miedo al aislamiento a remolque de una crisis económica que les ha golpeado con especial severidad, Irlanda va a repetir el referéndum este Viernes (no hay forma de evitar este paso, como decía, por ley).

Cuarta diferencia: en  Venezuela no se hicieron apaños para los que habían defendido el NO. Allí la ley, el texto constitucional y su aplicación posterior, es igual para todos.

Tras seis largos años, las élites europeas están a punto de ver cumplido su sueño, la implantación de un nuevo texto constitucional… a pesar de la ciudadanía, a pesar de los europeos.

Desde La Habana me preguntan: ¿no es curioso que en una “dictadura” como la nuestra, en su momento se votase en referéndum el texto constitucional vigente y, al contrario, en un entorno tan “democrático” como el europeo se pasen por el forro (a la carta y con nocturnidad) la opinión del pueblo para la aprobación de su carta magna? Mi respuesta es que sólo desde el aislamiento más absoluto de la realidad se puede considerar curioso algo que no hace más que confirmar la condición (que no deriva) elitista, totalitaria y antidemocrática de la Unión Europea. Muchos deseamos que los irlandeses voten NO este Viernes, aunque las encuestas no son favorables para dicha opción. No obstante, deberíamos entender que el problema es otro: ¿qué más da lo que voten los irlandeses si, al fin y al cabo, las élites terminarán por imponer su texto constitucional? Tarde o temprano lo harán, aun a costa de aislar a los irlandeses, entre otras cosas porque el conjunto de la sociedad europea apenas se plantea hasta qué punto dichas élites nos están sometiendo a sus intereses. Si por un momento ignorásemos la realidad política europea de fondo, pervertida por el sistema capitalista de dominación empresarial-financiera, lo cierto es que los mecanismos existentes son inequívocamente antidemocráticos y más propios de un régimen autoritario que de una sociedad libre y avanzada. El problema es que dichos mecanismos son una consecuencia del estado de excepción capitalista y no un añadido cualquiera al mismo.

Irlanda puede ser la puntilla o, a lo sumo, el inicio de un nuevo periodo en el que Europa pueda seguir desangrándose, pero no hay indicios de que una mayoría de europeos pueda llegar a tomar conciencia de lo que realmente está pasando en su propio patio.

Notas:

(1) Recordemos mi propio  escrito sobre el Golpe de estado en Francia, del que extraigo un fragmento:

El 29 de Mayo de 2005 Francia rechazó mayoritariamente el Tratado que establecía una Constitución para Europa (TCE). Dicho tratado, que había sido firmado en Roma el 29 de Octubre de 2004, donde había quedado pendiente de ratificación por todos y cada uno de los estados miembros de la UE, quedó tocado de muerte. Holanda le clavó la puntilla al TCE con otro NO tres días después de la estocada francesa. Tras un periodo de zozobra, la presidencia alemana de la Unión Europea lanzó una novedosa propuesta de texto cuyas «particularidades jurídicas» permitían su ratificación directa en la mayoría de parlamentos. Era la propuesta de reforma del Tratado, y así fue aprobada en Lisboa a finales de 2007. ¿Qué hizo Francia con este nuevo texto? (…) en lugar de someter el texto al veredicto de las urnas, como sería lógico y obligado  tras el NO de 2005 al texto previo (…), hicieron pasar el Tratado de Reforma directamente por el Senado y el Parlamento francés a principios de 2008, donde se le dio luz verde por amplísima mayoría.

(2) Ahí concluye nuestra participación en la “democracia”, y cabría analizar (en otro momento) hasta qué punto esa única participación está corrompida por los medios de (in)comunicación y la partidocracia exclusivista o sectaria y, lógicamente, hegemónica.

(3) Se celebraron referéndums en España, Francia, Países Bajos y Luxemburgo, mientras que se hubieran celebrado, de no producirse el NO francés y el NO holandés, en Irlanda, Reino Unido, Polonia, Portugal, República Checa y Dinamarca (ver Wikipedia).

(4) Prescindieron del referéndum, aprobándolo directamente por vía parlamentaria, Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania y Malta, mientras que en Suecia hubieran procedido del mismo modo de no ser por el NO francés y el NO holandés (ver Wikipedia).

Venga... meta ruido por ahí



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