Él, con la petulancia, la pedantería y la prosa rebuscada y engreída a que nos tiene acostumbrados, se define a sí mismo como “un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo“. Eso ahora, porque en su día se comparó a sí mismo  nada menos que con DOn Benito Pérez Galdós. Yo, que soy mucho más concreto, prefiero definirle como un pobre imbécil. Es un sentimiento que tengo, no es nada razonado.

Nada más, eso es lo que quería decirles.

Bueno, sí, recomendarles una lectura, que puede tener algo que ver con el tema, y es mucho mejor que la vomitona del imbécil.

Venga... meta ruido por ahí



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