A Lindo no se le podía escapar el otro tema favorito de la literatura anticomunista: Cuba, pero sin preocuparse por Guantánamo, el lugar de la isla donde se produce la violación más execrable de los derechos humanos, ni para denunciar el bloqueo genocida. Yo ya sé que no todo es perfecto en Cuba (ni en ninguna parte) pero también sé que los niveles de educación y sanidad públicas conseguidas en Cuba son difícilmente igualables. Creo que lo que más les molesta es que no se rinden.

Y ahí va el tercer tópico: que no nos rendimos. Me acusa de aprender “las enseñanzas recibidas de los viejos camaradas: no desistir nunca”. Y tiene razón: tenemos ganas de luchar, de combatir las injusticias, y sobre todo de combatir el capitalismo. Yo me hice comunista después de conocer de cerca a un guerrillero, de esos que persistieron, de los que no han desistido nunca, Quico Martínez -que sigue registrado con el calificativo de “bandolero” por defender la democracia en este país-.

Esther López Barceló, Willy Meyer, Cayo Lara y José Luis Centella, en El País, donde pueden leer la tribuna completa.

Venga... meta ruido por ahí