Es pecado, es de mala educación y hasta de mal gusto. Soy consciente de ello. Pero me la pela. Yo les deseo a Aguirre y a Lamela una muerte extremadamente dolorosa y muy lenta. Y les voy a explicar por qué. En 2002 murió mi madre. Tenía un cancer desde tres años antes. Un día, le dio una especie de ataque cerebral, provocado por la metástasis. Cuando llegamos a Urgencias del Hospital Puesta de Hierro, su oncóloga, que por suerte estaba de guardia, y la había visto un par de días antes en la consulta, nos dijo que sólo se la podía sedar, para evitarle sufrimientos innecesarios, y esperar a que se muriera. Aún estuvo con nosotros unos días más, tranquila, dormida, sedada, hasta que en un momento determinado, nos dimos cuenta de que se había muerto.

Hoy, otro pariente pasa por el mismo trance, pero de manera muy diferente. Sufre intensos dolores por todo el cuerpo, y la morfina ha dejado de hacerle efecto. Se mantiene en una especie de duermevela, terriblemente agitado, y consciente no sólo de su situación -que tenía asumida hace tiempo- sino también de sus terribles dolores. Está en un hospital público madrileño, y los médicos no se atreven a sedarle, porque tienen en su recuerdo al doctor Montes, cuya carrera fue destrozada por la indecente persecución política y medática que desataron Manuel Lamela y Esperanza Aguirre, al amparo de una denuncia anónima.

Desde hace unos años, miles de personas han muerto en nuestros hospitales entre sufrimientos innecesarios. Y ello ha sido así, como consecuencia de una decisión política directa y consciente de Aguirre y Lamela. Por eso, y aunque sea de mala educación, de mal gusto y hasta pecado hacerlo, yo les deseo a ambos una muerte lenta. dolorosa y a ser posible, en seguida.

Y a ver si nos dejan morir en paz.