Definitivamente, no hay ni un sólo ápice de ironía en lo que voy a decir a continuación. Deseo la peor de las muertes para Esperanza Aguirre, y deseo que sea lo antes posible y en mi presencia. Deseo que sufra intensos dolores, que se ahogue, que se alargue la agonía, que sus parientes asistan desesperados a tal sufrimiento, que quienes tienen la obligación moral y profesional de mitigarlos, les traten con altanería, desprecio e indiferencia. Deseo que muera desesperada. Odio a Esperaza Aguirre con todas las fuerzas que tengo en el cuerpo, y espero que todo eso le ocurra en mi presencia, para poder intensificarlo en la medida de mis posibilidades. El pariente del que les hable un par de entradas más atrás -un pariente lejano, al que he conocido relativamente poco, pero al que aprecio- se ha despertado de la duermevela, extremadamente agitado, haciendo movimientos compulsivos con las extremidades, tratando de hablar sin poder hacerlo. Le han despertado, mejor dicho, quienes -para protegerse del miedo que le han metido en el cuerpo Aguirre y Lamela- engañana a la familia, diciéndole que está en coma. No está en coma. Hace un rato estaba dormido. Ahora, está despierto, innecesariamente, y se niegan a darle nada más de lo que ya le han dado, que le tiene en tal estado. ¿Tan dificil es dormirle, tenga las consecuencias que tenga?

¡Esperanza, muérete de una puta vez, y dejanos morir a los demás en paz!

Venga... meta ruido por ahí