Ustedes supongo que no, porque son personas decentes en su mayoría -perdón por la expresión, cada vez más desacreditada- y nunca se han planteado descerrajarle siete tiros en el entrecejo a nadie. Yo sí, y ahora tengo varios candidatos, o mjor dicho candidatas. Pero no son mis brotes esquizofrénicos lo que quiero comentar con ustedes, sino el hecho cierto de que cuando las incansables fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, normalmente a las órdenes del hiperactivo don Baltasar Garzón, detiene a algún cabecilla de ETA, a algún político en el ejercicio de sus derechos ciudadanos -salvo que seas abertzale- o a algún atracador de bancos, no es cosa rara, ni le extraña a nadie, que el tal caco aparezca en todos los telediarios, en todas las portadas de los periódicos, con cara de poker, las manos esposadas y rodeado de guardias con la cara difuminada.Y nadie se plantea que al retratado en tales condiciones se le puedan estar lesionando sus derechos legales, ni su presunción de inocencia. Son malos, no son como nosotros, y como eso es así y es indiscutible, que se jodan. A la cárcel, y con paseillo ante los fotógrafos.

Pues hete aquí que desde hace unas semanas tenemos en las tertulias mañaneras de Radio Nacional de España -que es la radio que yo escucho por tres razones: porque me da la gana, porque a patriota no me gana nadie, y por ver si contribuyo al hundimiento de PRISA, que desde que murió Polanco está muy antipática- una regular preocupación de los señores y señoras contertulios, y son los derechos a la intimidad y a la buena imagen de los políticos presuntamente corruptos a los que se está deteniendo así, esposados y todo, y ante los medios de comunicación. Al parecer, se están violando sus derechos legales, así como su presunción de inocencia, ya que aún no están juzgados. Un poco, como lo que ocurrió con De Juana Chaos cuando le acusaban de haber escrito unas cartas, y que eso era un terrible delito, y tal, por lo que debía volver a la carcel durante al menos siete generaciones. Y hasta sacaban fotos en calzoncillos del tipo, que como era culpable de todo lo que se puede ser culpable, pues claro, se le puede sacar en calzoncillos en las fotos y lo que haga falta.  Aunque no esté juzgado. Y el que preteste, es que es un etarra.

¡Qué hipocresía más despreciable! Y con esto enlazo con el principio de esta iracunda entrada: el común de los españoles  nunca ha pensado en matar a nadie, ni en atracar un banco, y por eso, cuando sacan a un atracador o a un terrorista esposado en el telediario, no sólo no le importa, sino que lo comprende, y se entrega con morbo a ver las imágenes. Nunca, probablemente se va a ver en esa situación. Pero la corrupción es otra cosa, muy diferente. A los corruptos, en España, sobre todo, se les envidia, por haber tenido ocasión de hacerse ricos. Y como mucho, se les echa encara que se hayan dejado coger.

Aquí, el que más o el que menos usa habitualmente eso de “…en B” o advierte a sus clientes guiñando un ojo: “mire que si le doy factura le tengo que poner el IVA“. ¿Quién no ha escriturado su piso por menos o por más de lo que corresponde, según las circunstancias, mientras el notario silba  mira a Alpedrete?, o quieén no ha pensado y ejecutado “…esto no lo pongo, porque total, Hacienda no sabe nada…“. En España, hasta el jefe de la patronal, que debía ser un empresario ejemplar,le escaque a la Seguridad Social las cuotas de sus empleados, hay miles de ricos que no tienen ingresos suficientes para presentar el IRPF,  y El Pocero es para muchos un audaz emprendedor. Así que no es de extrañar que cuando llegamos a posiciones y cargos de responsabilidad, y pasan por nuestras manos millones de euros, pues un pequeño -o gran- porcentaje se pierda en el infinito imponderable de la misteriosa contabilidad -que a veces actúa como un triángulo de la Bermudas de algoritmos- y no se vuelva a saber de él, salvo que a Garzón le de por meter las narices donde no debe.

Y claro, nos atraviesa un escalofrío la columna vertebral cuando vemos a un señor con el pelo blanco, la barba afeitada, corbata roja y traje gris -con buena pinta, vamos, como dicen los de clase media-, esposado, rodeado de guardias civiles de cara difuminada y con una bolsa de basura en cada mano, camino de Alcalá Meco. Si no es peligroso, si no se va a fugar, pensamos, no es justo que le sometan a esta pena añadida de escarnio público, y encima, aún no les han juzgado, ¿que hay de la presunción de inocencia. Y con eso, llenamos horas y horas de tertulias cada mañana…

Pues ahora les dejo, que tengo que trabajar.

Venga... meta ruido por ahí



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